15 de Septiembre del 2026
por P. Damián Ortega Luna, OSB
No cualquier alma es llamada a la vida monástica, Jesús invita a verdaderos hombres y mujeres conscientes de su ser para seguirlo en la escuela del servicio del Señor. San Benito nos invita a una escuela donde cada día se cultiva una sabiduría, escondida en la Sagrada Escritura, pero revelada a los hombres humildes y sencillos de corazón.
La sabiduría que se aprende en el monasterio-escuela es doble. Ante todo, una sabiduría prudencial que enseña a vivir dando a cada realidad su justo valor en relación con el fin último: la pureza de corazón y... ¡la Vida eterna! Luego, como efecto de lo primero, la capacidad de “saborear” a Dios gustando su Palabra. Es así como el monje y la monja se convierte en un buscador de Dios.
Esta escuela sapiencial tiene un par de requisitos para producir sus frutos uno de ellos es: la estabilidad y la perseverancia que es uno de los votos que emitimos como monjes de San Benito. El voto de estabilidad no es sólo algo material, es sobre todo algo relacional y dinámico: estabilidad activa en el seno de la comunidad monástica. La perseverancia se refiere al paso del tiempo, pero también a la constancia y firmeza en los ejercicios monásticos.
La profesión del voto estabilidad de un monje exige asumir un compromiso de vivir y morir en el mismo monasterio, porque un monje “nacía” en un monasterio al entrar y se comprometía de esta forma con ese monasterio de por vida.
El voto de estabilidad significa que el monje se compromete de por vida con una comunidad en particular. Para el monje, el voto de estabilidad proclama el arraigo, el sentirse en casa, que este lugar y esta familia monástica perdurarán hasta la vida eterna. Al principio es importante la formación, como un árbol que hay que cuidar para echar raíces profundas.
De la misma manera, por el voto de fidelidad al modo monástico, los monjes prometen dejarse moldear y formar por la comunidad de hermanos: rezar al sonido de la campana y del órgano cuando sería mucho más conveniente seguir trabajando, renunciar a proyectos favoritos en aras de las necesidades de la comunidad, estar abiertos al cambio, escuchar a los demás y no huir, evadirse cuando las cosas parezcan frustrantes, aburridas o desesperanzadoras.
Vivir juntos como hermanos requiere una entrega y madurez humana en todos los sentidos. El voto de estabilidad en la comunidad equivale a llevar una vida en común, no solamente el lugar geográfico del monasterio sino en la vida interrelacional con todos los monjes.
La búsqueda de Dios y la plenitud no existen en un cambio constante; la verdadera felicidad en el amor no puede encontrarse necesariamente en otro lugar que no sea este lugar y este momento (Monasterio – familia monástica). La estabilidad es permanecer vigilantes y atentos compartiendo con los hermanos.
Por lo anterior, el voto de estabilidad también hace referencia a: Fidelidad, perseverancia, estabilidad, vivir juntos, Fidelidad al carisma, a la vocación, al llamado, Estabilidad emocional y humana al recorrer la jornada monástica del día a día. Este voto vincula al monje en cuerpo y espíritu a la comunidad de su profesión por el resto de su vida, donde sirve bajo una Regla y un Abad.
Hoy en día se escucha de las comunidades religiosas la falta de perseverancia y estabilidad de la religiosa y religioso esto muestra que no todos los que entran perseveran, ni todos los que son miembros legalmente serán plenamente fieles a los compromisos que han asumido en el día de su profesión.
Limitarse voluntariamente a un lugar con un grupo de personas por el resto de la vida es una declaración poderosa pero no una promesa no un compromiso mucho menos un voto. También ha habido grupo de personas que han formado un grupo y han vivido juntos por un tiempo, pero este no es el caso del monje ni de una consagrada en una congregación.
El gran enemigo que nos impide alcanzar la sabiduría en la estabilidad es la negligencia, ella hace perder el gran valor mediador de la observancia o conversatio monástica con cada uno de sus ejercicios corporales y espirituales. Si, le preguntamos a San Benito sobre el lugar para permanecer en la sabiduría a fin de arraigar y producir frutos, nos responde: el claustro del monasterio y la estabilidad en la comunidad es el lugar idóneo para producir fruto de todas las virtudes.
El tema del voto de la “estabilidad” entiendo que está poco considerado y estudiado porque realmente en general no se aprecia en su justo valor dentro de la vida monástica ni religiosa. De los otros dos votos –obediencia pobreza, castidad e incluso conversión de costumbres- se habla y estudia mucho, pero la estabilidad es una cuestión de la que sólo hemos rozado la superficie la mayoría de los monjes y monjas; ¿sabemos realmente todo lo que implica este voto?
Debemos advertir que la estabilidad no significa un “estar”, “quedarse” “permanecer” sin más, es algo más, se debe ir realizando y debe llevar a la comunión con Dios y a los hermanos, no a la soledad o a la apatía y falta de dinamismo. Vivir el voto es la presencia que da vida, que mueve, que es fructífera, por eso los monjes han transformado los lugares donde viven, por que generan vida, dan vida en la estabilidad.