28 de Junio del 2025
por Benedictinos
Homilía, Sagrado Corazón, 27/junio/25
El Amor en Dios se relaciona profundamente con su Corazón, y con el misterio de su divina humanidad, en el
cual el Hijo se entrega para salvarnos.
Encontramos en S. Lucas una descripción del amor de Dios, ¿Qué alegra el corazón de Dios? Su alegría surge
de que una ovejita perdida vuelva a la vida, que un pecador se convierta. Este acto de Dios debemos hacernos
meditar sobre nuestras alegrías ¿Si es la misma que la de Dios o me es indiferente si alguien se convierte o no?
Los detalles de este amor que pastorea a las ovejas están en el profeta Ezequiel cuando dice que hace reposar a
las ovejas, las hace volver a un camino correcto, cura las heridas, robustece a la débil, a la gorda y fuerte la
cuida, y las apacienta en la justicia. Son actos trascendentales que devela si estamos en comunión con el
Corazón de Nuestro Señor. Con razón decía S. Gregorio Magno: El amor es un fuego que abrasa, pero no
consume; ilumina, pero no ciega; purifica, pero no daña.
¿Pero, cómo nosotros somos llamados a ser un pastor con Corazón de Dios? San Pablo puntualiza esta vocación
al decir: Dios ha infundido amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que Él mismo nos ha
dado. Quiere decir que el Amor de Dios con que nos salvó se convierte en una realidad en nosotros por medio
del Espíritu Santo, y a través de Él hay una vocación de amor para cobijar al prójimo que el mismo Dios pone
en nuestras manos.
El Amor de Jesucristo surge de su Corazón y de su muerte por nosotros, es un amor que no disminuye en la
cruz, sino que nos da vida eterna a través de ella, nos sana con su muerte, como decía Orígenes de Alejandría:
Jesús es el nuevo Adán, quien dormido en la cruz no era como los demás muertos; sino que, desde lo más
profundo de la muerte, manifestó signos de vida en el agua y en la sangre y fue, por así decirlo, un muerto
nuevo.
Una monja cisterciense Sta. Gertrudis la Grande en el siglo XIII expresa ya muchos siglos antes de Sta.
Margarita, una espiritualidad sobre el Corazón de Dios donde expone el misterio por el cual Dios llama al ser
humano a la unión consigo en Jesucristo. En su propia vida interior esta Santa toca el amor inefable eterno que
determinó que el Verbo de Dios se encarnara para recuperar a las ovejas perdidas. Es decir, el Corazón de Dios
es la puerta esencial para que volvamos al paraíso y al cielo tan anhelado de nuestra vida.
Queridos hijos e hijas:
Estamos hoy frente a las puertas del cielo y no podemos aspirar a ella sólo pensando en nosotros mismos,
incluso no es posible entrar solos, Dios nos lleva a alegrarnos por la salvación de los demás, y cooperar en este
misterio, no se trata de pedir como el discípulo Tomás: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el
dedo…, y pongo la mano en su costado, no creeré. Más bien se trata de unirnos a nuestro amado Jesús en su
Corazón abierto donde podemos encontrar el calor del amor más puro para servirnos unos a otros, pues sus
heridas curan las nuestras, su sonrisa nos anima y sus lágrimas nos conmueven a dejar los propios pecados.
Virgen María que escuchaste tantas veces el corazón de tu amado hijo y salvador, y te alegraste con una sonrisa
tan pura y bella permítenos escuchar y sentir su latido de amor y purificar nuestras alegrías e impurezas para dar
también nosotros la vida por Él porque el amor con amor se paga.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
+Abad Hildebrando Castro, OSB