05 de Marzo del 2025
por Benedictinos
Homilía, 05 de marzo, 2025
En Santo Evangelio repite constantemente la palabra “Padre”, 6 veces; ante Él se vive la conversión de
cuaresma. Es decir, las prácticas ascéticas nos llevan a buscar una vida espiritual hacia el Padre. La ascesis
quiere hacernos sentir el aspecto de la cruz como un camino de cuarenta días hacia la redención, mirando con
crudeza, trascendencia y arrepentimiento las incoherencias de nuestro corazón.
Las obras de piedad, la limosna, la oración y el ayuno son este camino de la Cruz en el Hijo que el Padre nos
ofrece para renunciar al fariseísmo o a la hipocresía.
Las obras de piedad: Nos llevan a renunciar al aplauso de los hombres, evitando fortalecer la vanagloria y
mirando hacia el Padre, buscando en la mirada de Dios en valor de la caridad por el prójimo.
Limosna: Así, se renuncia a la avaricia, al brillo de los valores del mundo; así se evita subordinarse a la
avaricia de apegos esclavizantes de aquello que miramos como posesión.
Oración: Es una forma constante de decir no a la tentación, de descontaminar el corazón de fantasías fariseas,
renunciando al falso Dios que nos ofrece un camino equivocado de la cruz. Ntro. P. San Benito quien ve la vida
del monje como una cuaresma nos dejó organizada la oración común, porque así podemos mantenernos en la
conversión verdadera.
Ayuno: Es una renuncia a uno mismo. Se elige a Dios como el más importante de nuestra vida, de nuestros
gustos. La comida espiritual, sacramental y teológica tiene que ver con el “pan de cada día”, del que hablamos
en el Padre Nuestro, es decir, se aprende a comer de la paternidad de Dios: Se come la Eucaristía renunciando a
uno mismo, y poniendo a la Eucaristía por encima de cualquier otro placer del paladar.
Queridos hijos e hijas:
La cuaresma nos ayuda a descubrir una alegría que no viene del mundo ni de nosotros mismos, sino que está en
lo secreto, en una intimidad del amor de Dios Padre. La ascesis cuaresmal nos trae la gracia de Dios para que
descubramos lo que está demás en nuestra vida, lo que no agrada al Padre, lo que no es parte de nuestra
espiritualidad, y sin duda, debe quedar fuera de nosotros. Vivir la cuaresma es buscar un honesto cambio en la
mirada del Padre que pide a su Hijo que nos redima en la cruz.
Señor Jesús, ten piedad de nosotros, nuestros propósitos de cambio siempre serán un fracaso si nos abandonas.
No te buscamos por ser los mejores sino porque estamos enfermos, porque hemos caído al polvo de la
infidelidad muchas veces. Danos tu gracia que nos haga ver el dolor que merecen nuestros pecados y en este
dolor llévanos a la comunión de tu Padre Celestial.
Virgen Madre que sufriste una espada de amor y dolor, ayúdanos a dolernos de nuestros pecados para aprender
a tener un corazón verdaderamente contrito y buscar así reconciliarnos con la misericordia de tu Hijo Jesús y de
tu Padre Celestial.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
+Abad Hildebrando Castro, OSB