11 de Febrero del 2025
por Benedictinos
Homilía, 9 de febrero 2025. Lc 5, 1-11.
El Catecismo de la Iglesia Católica, dice que la confianza en Dios es una demostración de fe y que se prueba en las tribulaciones (2734). Lo vemos con Nuestro Señor Jesús en el monte Calvario, en la Cruz, “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc 23, 46). Hay un grito de confianza de parte de Jesús hacia el Padre, expira Jesús en un grito de confianza, poniéndose en las manos del Padre, abandonándose completamente a la voluntad Divina.
Confianza: significa tener una gran fe o confianza en alguien o en una cosa, nos dice la voz latina.
Por la fe, Abrahán, sometido a la prueba, ofreció a Isaac, como ofrenda, y, el que había recibido las promesas, ofrecía a su único hijo, respecto del cual se le había dicho: Por Isaac tendrás descendencia. Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitarlo de entre los muertos (Heb 11, 17-19). Así también, José depositó su confianza en Dios y, poco antes de morir, anunció que los israelitas saldrían libres de Egipto (Heb 11, 22).
Cerca está el señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. Escucha sus gritos y los salva, el Señor guarda a los que lo aman (Sal 144). No confíen en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar (Sal 145). Confiando en el Señor, no me he desviado (Sal 25). Nos comparte el libro de los salmos.
El hombre, el cristiano, toda creatura: tiene en algún momento de su vida aquí en la tierra, tiene que enfrentarse con la vida y con sus peligros que se encuentre, y en esta situación, él, el ser humano, necesita apoyo con que poder afrontar dichas situaciones, refugios donde hospedarse, y así, poder perseverar en medio de las pruebas que tenga y esperar llegar al objetivo que se propuso. Pero en todo esto hay que tener confianza. Tiene que tener confianza en algo o en alguien para llegar a su meta. Pero ¿En quién habrá de confiar? ¿En quién deposita su seguridad, su confianza?.
Porque nos dice el libro del Génesis: “Replicó la serpiente a la mujer: De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y serán como dioses,…Y como vio la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista,… tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió. Entonces se les abrieron a los dos los ojos, y se dieron cuenta que estaban desnudos”. Contemplamos que el hombre y la mujer, prefirieron poner su confianza y seguridad en una criatura. Comprendemos que esto es confiarse de la mentira. Ambos degustan, prueban y saborean el fruto de la inexistente y aparente confianza. Y las consecuencias de la falta de confianza surgen rápidamente: tienen miedo de Dios y vergüenza el uno frente al otro. Vislumbramos en este pasaje del Génesis que Dios: invita al ser humano a confiar en él, solo en él, para discernir el bien del mal.
“Confiando en tu Palabra, echaré las redes”, nos dice el evangelio de Lucas (5, 1-11). Simón Pedro, se siente incapaz de ser un buen pescador, porque ha trabajado toda la noche y no ha pescado nada, pero él, confiando en la Palabra de Dios, hechas las redes y tiene una pesca abundante. Solo sucede; escuchando, obedeciendo la Palabra de Dios. Poner la confianza en la Palabra de Dios, hace posible lo que no es normal. Lo vemos claro en la pesca milagrosa, donde la pesca, los discípulos la realizaban solo de noche, y la pesca milagrosa sucedió en el día. Sucedió con la luz del día, en medio de los rayos del sol. Así lo hizo Simón Pedro, agarraron, prendieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Vinieron los de la otra barca y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Depositar tu confianza en la Palabra de Dios, hace transitar el camino de la gracia, hace cambiar de dirección, mirar otros horizontes de los cuales nosotros estamos caminado. “No temas; desde ahora serás pescador de hombres…, y, dejándolo todo lo siguieron (Lc 5, 1-11)”. Cambiaron de camino y de oficio.
Isaías en la primera lectura, tiene la objeción o el impedimento por tener los labios impuros para predicar y anunciar la Palabra de Dios. Pero Dios lo hace digno, “Mira: Esto ha tocado tus labios. Tu iniquidad ha sido quitada y tus pecados están perdonados (Is 6, 1-2. 3-8)”. Lo hace puro y digno con su gracia. Isaías escucha la voz de Dios, atiende, obedece y es enviado para predicar.
Queridos hermanos: la confianza en la Palabra de Dios es elegir entre dos sabidurías; confiar en la sabiduría Divina en la de Dios o depositar mi confianza en el propio sentir. Confiar en la Palabra de Dios es fiarse de la omnipotencia del Creador, porque todo es obra suya en el cielo y en la tierra.
Así es, queridos hermanos: ¿Cómo esta puesta su confianza en Dios en momentos de dificultad, de tribulación? ¿Está depositando su confianza en la voluntad de Dios, en la Palabra Divina? ¿Cómo esta su confianza en Dios cuando se encuentra enfermo tanto física y espiritualmente?. Confía, querido hermano, en la Palabra de Dios, así como los apóstoles, y su vida cambió totalmente, a una vida llena de la gracia de Dios, de la presencia de Dios eternamente. Y no confíes en tu propia inteligencia, porque te puede llevar a perder la gracia divina y alejarte de la presencia de Dios como les sucedió a nuestros primeros padres.
Así, pues, queridos hermanos y hermanas: Confía -plenamente- en el Señor, en su Palabra, con todo el corazón, con toda tu alma, y no te fíes -como Adán y Eva en el Jardín del Eden- de tu propia sabiduría (Pr 3, 5). Porque el día que lo hagas, ten por seguro, que morirás.
P. José Luis Francisco, OSB