26 de Diciembre del 2024
por Benedictinos
Hagan lo que Él les diga Jn 2, 5
Queridos hijos en el espíritu de N.P.S. Benito el prólogo de la Regla nos dice Escucha, oh, hijo, los preceptos del maestro e inclina el oído de tu corazón; acoge de grado y cumple con eficacia la admonición del padre piadoso. Las palabras que escribe nuestro Santo Fundador no son para tomarlas superficialmente o dejarlas en “pendientes por hacer”, son palabras que salen de su propio corazón movido y transformado por la Palabra de Dios. Una Palabra que él encontró constantemente en los salmos y en muchos pasajes de la Escritura que cita a través de su Regla.
La Virgen Madre guardaba las palabras de Jesús en su corazón (Cfr. Lc 2, 19). Una Madre a quien hemos consagrado nuestro monasterio con la advocación: “Nuestra Señora de los Ángeles”. Ella nos invita a guardar o dejar caer las Palabras de Jesús en lo interior de nuestro ser. Ese interior al que también se dirige N.P. S. Benito.
Tanto S. Benito como la Virgen Madre nos invitan a revisar el corazón ¿qué o quién vive ahí? Como monjes o laicos buscamos ser discípulos del interior, ser “uno-monos”, es decir, uno con el Señor Jesucristo, verdadero monje y Dios del interior del Corazón del Amor. Por tanto, revisemos nuestras pertenencias, pensamientos, sueños, “amores”, “enfados”, “juicios” y miremos qué tanto Dios vive ahí, en el interior de nosotros mismos porque lo que hay ahí nos define.
La Palabra de Dios que no se guarda en el corazón o que no se escucha con el oído del corazón lleva a vivir como monjes o laicos fantasiosos, de “apariencia”, con una espiritualidad light, sin fundamento en la Palabra.
Hace poco más de dos años que Dios me concedió la gracia de la bendición abacial elegí el lema Quodqumque dixerit vobis, facite (Hagan lo que Él les diga Jn 2,5), no lo elegí pensando en mí sino pensando en que la Virgen Madre tiene sed de llevarnos a las cosas de su Hijo Jesús, de su Padre celestial y de su Esposo-Espíritu Santo. Lo nuevo de la abadía son las “gracias derramadas” en nuestra comunidad para que cada uno avance en la santidad conferida por Dios, y al mismo tiempo jamás avance sólo. Lo nuevo de la abadía no soy yo sino “la lluvia de bendiciones” que la Palabra de Dios ha querido darnos en las ordenaciones diaconales y sacerdotes, en las vocaciones, en el trabajo manual, en el estudio, en el servicio al pueblo de Dios, en las enfermedades de muchos de nosotros, en los monjes que sirven fuera de casa y en aquellos hermanos laicos que viven en el mundo sin ser del mundo encomendados a la intercesión benedictina. Lo nuevo no son nuestras diferencias ni nuestros enojos, ni criticarnos unos a otros, ni competir ni tener relaciones tergiversadas de “fraternidad”; lo nuevo que indica la Virgen Madre es la transformación del agua en vino, de entregar nuestra voluntad a la Voluntad de Dios que es siempre gracia eficaz.
Queridos hijos pido perdón a Dios por las cosas que no he hecho bien estos años, pido la gracia y tu oración para ir corrigiendo mi servicio hacia a ti, sobre todo, suplico a la Virgen Madre que conmueva los oídos de nuestro corazón para responder mejor a su Hijo. Agradezco también al cielo las veces que ustedes han perseverado en su sí al Amor de Dios.
Nuestra Señora de los Ángeles te compasión de nosotros y conduce con tu intercesión a esta tu abadía, en el espíritu de N.P. S. Benito para que seamos monjes y laicos del interior, de la Palabra hecha Carne.
¡Feliz gracia en Navidad!
+Abad Hildebrando Castro, OSB