Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Homilía de Lunes Santo 2024

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Homilía de Lunes Santo 2024

26 de Marzo del 2024
por Benedictinos

Lunes santo 2024

La cruz en los padres del desierto
Homilía a los monjes.

Los padres del desierto comprendieron pronto que el camino bautismal
significaba seguir a Jesús por el camino de la cruz. Podemos decir que el
desierto mismo se convirtió pronto en el camino para salir de la esclavitud, en
el éxodo. Orígenes pensaba que Egipto significaba la carne dominada por el
Faraón, Satanás, que, a través de sus capataces, los demonios, ofrece esclavitud
en vicios, pecados, pensamientos y pasiones.
Salir de la carne para vivir en el espíritu, es alcanzar la libertad de los
Hijos de Dios que en todo son movidos por el Espíritu Santo, es llegar a la
cumbre de la vida angélica, de la adoración, de la alabanza, es recuperar el
paraíso perdido, es revestirse de Cristo, es ser levantados por él en la Anástasis
para vivir la vida luminosa de la pascua en una paz perdurable.
Pero esto sólo es posible mediante la cruz, a través de la cruz. Por la cruz
gloriosa se llega a la libertad. Así, el mismo desierto hizo ciudadanos verdaderos
sólo a los moradores del calvario y fueron ellos quienes crucificándose con
Cristo reinaron con Él.
Un hermano pidió al Abba Isaías una palabra. Y el viejo le respondió: «Si quieres seguir
a nuestro Señor Jesús, guarda su palabra; ·y si quieres que tu hombre viejo sea
crucificado con él, tienes que apartar de ti, hasta que mueras, lo que te aleja de la cruz;
y tienes que prepararte a llevar sobre ti el desprecio y a apaciguar el corazón de los que
te hacen daño, a humillarte ante los que quieren someterte, a guardar silencio y a no
juzgar a las personas en tu corazón»
La ascesis corporal significa apenas el primer paso para la libertad, el
primer peldaño de la cruz. Con ascesis corporal nos referimos a los ayunos, las
vigilias, la vida austera, la sobriedad y el trabajo.
Los demás pasos significarán los siguientes escalones en la escala de las
virtudes hacia el paraíso. Cada paso hacia la gloria es un grado de unión más
profunda con Jesús Crucificado, mientras las pasiones son verdaderamente
sometidas a muerte, los pensamientos a la sobriedad, el corazón a la oración
incesante y el Espíritu a la luz que vence las tinieblas.

El Abba Marcos dijo: «La ley de la libertad enseña toda verdad. Y muchos leen esta ley
según el conocimiento, pero otros la interpretan según la analogía y el cumplimiento de
los mandamientos. No busca su perfección en virtudes humanas, pues en ellas no se
encuentra nada perfecto. La perfección de esta ley, efectivamente, está escondida en la
cruz de Cristo»
La cruz prontamente informó la mente y el corazón de los padres del
desierto. En la cruz resplandece la verdad sobre el monje: su pecado. No se es
verdaderamente monje si no se lloran los pecados.
Los padres del desierto enseñaron prontamente que la actitud fundamental
de la conversión es la compunción que debía acompañar al monje siempre.
Hasta las cumbres de la vida más perfecta el monje tiene siempre presente su
pecado. En la cruz resplandece la verdad sobre Dios: su amor misericordioso.
Ambas verdades hacen brotar del corazón el amor, amor de contrición y amor
de gratitud.
El Abba Isaac fue junto al Abba Pastor y, mientras estaban sentados, lo vio en éxtasis.
Y le suplicó diciendo: «¿Dónde estaba su pensamiento, Padre?». El anciano le dijo:
«Allí donde estaba santa María, llorando cerca de la cruz del Salvador [cf. Jn 19,25]. Y
yo, querría llorar siempre».
La cruz también configura la vida externa del monje. Su mismo hábito,
explicado por Evagrio en su célebre tratado del monje significa en una sola
palabra: cruz.
En Egipto conocí un monje observante. Le pregunté su nombre y me
respondió en árabe “Safir” luego en griego “Stauros” que quiere decir Cruz. Y
no dijo nada más porque en su nombre estaba su ideal, su tesoro, su gloria, su
camino y su única palabra.
Así también nosotros debemos signarnos con la cruz, ser cruzados,
portadores de la cruz, stauróforos, o mejor aún hacernos cruz de Jesús para
poder recibir el fruto de la vida. Pero no basta signarnos externamente con la
cruz, o llevar una cruz en el pecho si no llevamos grabada la cruz con fuego en
nuestra alma.
Un stauróforo lo debe ser más por las virtudes que por las insignias. Por
eso, un anciano padre decía: huye de los estafadores que se cuelgan la insignia
de la cruz, pero no la llevan en el alma, son como moneda falsa; recibe, con

seguridad la cruz del Señor marcada, sellada y grabada en el oro de tu alma
auténticamente con las virtudes, es decir, una fe recta con las obras de los
santos.
Llevar la cruz es hacer la guerra a Satanás, o, mejor dicho, soportar con
paciencia su guerra, consolidando la obediencia a Dios, el amor y el servicio
divino, venciendo todo enemigo, puestos nuestros ojos en aquel que venció al
mundo. Este fue el ejemplo admirable que nos dejó nuestro padre Antonio para
que sigamos sus huellas, huellas que siguió fielmente nuestro padre San Benito.
La bienaventurada Sinclética dijo: tu paciencia aniquilará al enemigo. Porque los que
empiezan a navegar, despliegan las velas, y, al principio, encuentran viento favorable.
Pero luego sopla un viento contrario. Pero no por ello los marineros arrojan su
cargamento al mar, ni abandonan la nave. Aguantan un poco o luchan contra la
tempestad y de nuevo encuentran el rumbo exacto. También nosotros, cuando nos
sintamos llevados por el espíritu contrario, despleguemos como vela la cruz y
realizaremos sin peligro la travesía de esta vida»
Mis queridos hermanos monjes: si queremos que nuestras vidas se parezcan a
la unción de Betania que hoy conmemoramos, si deseamos que nuestros cuerpos
y nuestras almas se transformen en incienso puro, en sacrificio agradable a Dios,
es preciso que la cruz arda en nuestros corazones por un amor puro, total y
perfecto.
Solamente el monje que ama la cruz, que pasa de ser portador de la cruz
a ser amante de la cruz como los Padres del desierto, solamente aquel que se
transforma en Staurófilo, como solía llamarle al alma pura el célebre abad
benedictino Benedictus Von Haeften, recibirá la oración de fuego uniéndose en
verdad a los coros seráficos que cantan el cántico nuevo de la pascua de la
libertad.
El madero arde, esperándonos a todos para consumirnos en la unión con
Dios. Sigamos a Jesús hacia la libertad, como lo hicieron los padres del desierto,
en Él tenemos un Moisés fuerte, bello, poderoso, grande, glorioso, digno,
victorioso, justo, santo y fiel. A Él toda la gloria.

P. Andrés Esteban López Ruiz

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