26 de Marzo del 2024
por Benedictinos
Homilía, domingo de Ramos.
La cruz y las subidas de Jesús
24, marzo, 2024.
Hoy emprendemos la semana Santa, y es la semana más importante de nuestra fe para profundizar quién es Jesús y qué tiene que ver con nosotros. El proyecto de nuestra existencia tiene que ver con el proyecto de Jesús en la semana santa. Y todavía hay algo mejor, también esta semana se nos dará algo nuevo en nuestra alma. ¿No te gustaría recibir algo nuevo de parte de Dios? Hoy es domingo de Ramos y pensemos sólo una idea: la de “subir”, esta acción se relaciona con Jesús, ¿a dónde sube y qué tiene que ver con nosotros esta subida? Jesús sube a Jerusalén, sube al Burrito, sube a la cruz y sube al Padre. Subir en una palabra cristológica que involucra tus pies y tus acciones hoy día. Los ramos develan a los que suben con él, quizás, para matarlo o para serle fiel. En los sinópticos la Escritura nos deja mal parados, y nos habla que los que tomamos los ramitos para aclamar a Jesús somos los mismos que gritamos que lo maten.
Juan, con más esperanza pone a la Madre de Jesús y al discípulo amado leales en la cruz. Nosotros queremos ser fieles, pero, quizás, ambas tradiciones evangélicas hablen de la realidad de nuestra fe. Ya que a veces con el deseo de ser fieles traicionamos a Jesús, y otras veces nuestra fidelidad la sostiene la Virgencita y el discípulo
amado.
Celebrar el domingo de Ramos es celebrar desde los evangelios sinópticos una sola subida a Jerusalén con el Señor Jesús. De Galilea a Jerusalén. No sólo se trata de una subida geográfica sino teológica, subida a la cruz y la resurrección. La muerte de Jesús no es un fracaso sino una subida teológica que eleva nuestros límites al
amor del Padre que no tiene límites.
La subida no trata de un progreso material sino espiritual y del amor. Jesús se dirige a morir, pero, esta muerte no debe ser juzgada con criterios del mundo de progreso y de éxito. La subida de Jesús es una paradoja del amor, cuando va a la muerte en realidad va a la vida, cuando parece vencido en realidad ha triunfado. Es lo que aclamamos hoy con ramos, la humildad de morir por amor, un amor que parece débil, pero, en verdad es fuerte. La sociedad no encaja con sus criterios existenciales respecto a sus subidas. Subirse al burrito no es subirse a un carro último modelo, ni subir fotos a las redes sociales; la subida de Jesús al burrito no implica una fuerza física sino cumplir la voluntad del Padre, implica una fuerza de fe. Subir a Jerusalén implica que dejes tus ideas socio-digitales para comprender la Jerusalén de la cruz. Subir al burrito no es poner tu confianza en la avaricia y la soberbia sino lo sencillo que te lleva a Dios, subir a la cruz implica un sufrimiento del corazón que trae salud a
tu alma. Subir al Padre es una cuestión de perseverar en las subidas de la vida que nos trae cada semana santa. El domingo de Ramos y el viernes santo son los únicos dos días que se lee la pasión de Cristo. Pasamos de la sonrisa hacia el llanto y el grito. Se trata del estado del alma y de las prácticas continuas que deseas realizar a
partir de esta semana hacia toda tu vida. Nos recuerda Benedicto XVI que se trata de una subida interna hacia la meta de la cruz. Llama la atención que un burrito tiene que ser desatado y que Jesús lo manda. Desatar a un animal concuerda con las veces que Jesús habló de perdonar o curar o desatar, el verbo lyo en griego es desatar y este verbo lo utiliza Jesús en sus curaciones y al perdonar pecados. Los burritos somos nosotros porque estamos amarrados a las tinieblas del mundo, fascinados por ellos, somos necios por no cambiar como Dios manda. Piensa en un pecado en particular que esta semana debes dejar para siempre, ¿cuál será? Hoy Jesús comienza a desatarnos, es una meta de la crucifixión, desatarte. Pero, necesitas llevar a Cristo en los hombros. Echar los mantos y ayudar a subir a Jesús al burrito, recuerda a Salomón que sube a su mula para ser ungido rey por el sacerdote Zadoc y el profeta Natán (Cfr. 1 Re 1, 28Ss). El poder de Dios es una generosa respuesta a los elegidos desde lo más débil que es el burrito y luego la cruz. Echar los mantos es un gesto de la entronización e la tradición real de David. Nosotros también echamos mantos, es decir, ponemos nuestras esperanzas en Jesús, para que siendo rey gobierne nuestra vida. El grito de Hosanna del salmo 118, 25 s. Significa algo así como “ayúdanos”. Fíjense que en el séptimo día de la semana los sacerdotes daban siete vueltas con incienso, entorno al altar y proclamaban Hosanna. Lo hacían
para implorar la lluvia. Nosotros imploremos la misericordia de Dios, que nos libre de la lluvia del pecado que nos hace daño y nos bañe con su misericordia.
Queridos hijos e hijas en Dios Padre, sube con Jesús para entrar a la Jerusalén de su cruz. Las calles recorridas
por Jesús son los caminos en los que te ha buscado para llevarte a su Padre, el grito de Hosanna es su grito de
amor para que aprendas a abrir tus brazos a su misericordia. Mira, un burrito no es nadie en comparación
contigo, sin embargo, él obedeció y llevó consigo al que salvaría al mundo; tú podrás hacer más que ese burrito,
podrás darle más a Cristo para que su sangre extienda su Reino de amor en el mundo. ¿Qué le ofreces hoy para
que suba a tu vida?
Que Ntra. Sra. De los Ángeles ore por ti para que tus ramos de alegrías no traicionen a Jesús, y para que tus
satisfacciones no estén en subir al mundo y jactarse del pecado sino en subir a Jesús en tu corazón y amar
eternamente al Padre.
Gloria.
Abad Hildebrando OSB