20 de Marzo del 2024
por Benedictinos
Homilía de San José, varón de sueños justos.
19, marzo, 2024.
Sabemos que la carta a los romanos de S. Pablo es la carta dogmática más importante por el tema de la
justificación, significa que por los méritos de Cristo nosotros somos hijos de Dios. La justificación tiene que ver
con lo justo, lo que vence al pecado; s. Pablo habla que Abraham es quien recibe la fe justificada en la que
somos todos Iglesia. Dios se revela como padre en la promesa a Abraham que llega a plenitud con s. José y
María en el misterio de la Encarnación.
S. José tiene hoy dos evangelios, Lc y Mt.
Lc resalta este vínculo de obediencia que es la fe justificada que Jesús practica con sus padres, María y José, y
con su Padre del cielo: “que no saben que debo ocuparme de las cosas de mi Padre” (Lc 2, 41ss). Este evangelio
expresa algo muy bonito, pues no revela “las obediencias de Jesús”. Y es que la obediencia no es algo que
estorbe a nuestra relación con Dios sino es algo que te permite estar en gracia y evitar el pecado. Adán y Eva
desobedecieron, pecaron. Por lo cual, Jesús obedece para llevarnos a la gracia. Quien obedece vive en la gracia
de María, José, de Dios Padre y de Jesús mismo.
La lectura de Samuel (primera lectura) resalta la promesa de Dios hacia David dejando en claro que habrá una
relación filial-paterna entre Dios y la humanidad. Una promesa que muchos pasaron desapercibido, al grado que
cuando Jesús habla de Dios como su Padre pocos lo entienden. Nosotros somos llamados a tomar en serio esta
promesa de paternidad de Dios. S. José nos recuerda que su obediencia desde el evangelio de Mt tiene que ver
con la historia de la paternidad de Dios. Nosotros somos parte de esa historia. En Mt José recibe un
mandamiento de Dios en un sueño, sueño de Dios. Este sueño significa que José acostumbra a interiorizar la
Palabra de Dios con la que se había formado en su familia, es el justo porque es amado por Dios en el sueño, tal
como lo dice el salmo 127, 2. En vano se levantan de madrugada, y se acuestan muy tarde, trabajando
desesperadamente por pan para comer, porque Dios concede el sueño a sus amados. San José es constructor del
sueño de Dios, porque si Dios no construye su casa en vano se cansan los constructores (Salmo 127,1).
Dios construye la casa interior en nuestra vida ¿Cuántos de nosotros acostumbramos a construir nuestra casa del
corazón con la Palabra de Dios? El monje o cristiano debe dormir custodiado por la Palabra Divina no por el
pecado y sus fantasías. Los combates desde nuestras debilidades son victorias si interiorizamos la Palabra divina
y nos dejamos ayudar por la obediencia de s. José.
El sueño es también un tema de la patrística muy interesante, de la cual he ido reflexionando hace un tiempo.
San Benito tiene un evento donde dicta las medidas al nuevo prior para la construcción de un monasterio a
través del sueño; fíjense que puedo mencionar dos interpretaciones, una, es que se trata de una bilocación de
San Benito, pero, este término no es era un concepto espiritual en estos tiempos sino hasta el siglo XVII con s.
Martín de Porres.
Otra interpretación de este suceso del sueño, según Gregorio Magno, es que las medidas de las que habla san
Benito en su sueño no es otra cosa que la regla monástica que dejó a sus monjes es la medida de la sabiduría de
Dios, algo así como pasa con Dios y Salomón. En 1 Re 3, 5 Dios se le apareció en sueños a Salomón y le dijo
que le pidiera lo que fuera y salomón pidió un corazón prudente para distinguir el bien y el mal. Lo mismo S.
José, tendrá la justicia en su corazón, conociendo el bien y el mal y dará a Jesús las primeras enseñanzas sobre
la paternidad de Dios y sobre el misterio del mal. s. Benito reclama al prior que no le obedeció cuando en
sueños le muestra la ley de Dios para el monasterio, esto quiere decir que los sueños tenían un reconocimiento
positivo en la Iglesia en estos tiempos (Siglos V-VI) sin dejar de tener criterios de discernimiento para darle
validez, ya que las interpretaciones del sueño estaban muy popularizadas en las religiones paganas.
Sofronio de Jerusalén hace una reflexión amplia sobre este tema. No tenemos tiempo aquí para extendernos y
por ahora, quiero compartirle 4 criterios de discernimiento para valorar que un sueño venga de Dios.
Primer criterio: como a San José, el sueño tiene que ir en comunión con la Encarnación del Verbo, no puede ver
un sueño de Dios que vaya en contra. Dios es el iniciador del sueño cuando lo generó con Adán, un sueño fértil,
donde nació la Iglesia, “otro”, Eva. Entonces Yahvé hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, que se
durmió (Gn 2, 21). Después del pecado, nace la pesadilla y el sueño se vuelve un campo demoniaco, una
realidad del pecado del sujeto que sueña y al mismo tiempo sigue siendo un espacio cristofánico cuando Dios
así lo decide. El primer criterio es pues, que el sueño de Dios siempre apunta al misterio de Jesús.
Segundo criterio: El sueño sirve de puente a la voz de Dios que se manifiesta en la psiqué de la mente del
creyente cuando éste duerme, funciona explicando una misión o un don que trae Dios a la persona. La liturgia
no termina cuando termina el día sino sigue aún dormidos porque la liturgia la sostiene Jesús. S. José recibe el
don de hacerse cargo de la sagrada familia cuando el ángel le dice “toma al niño y a su madre” (Mt 2,13). El
segundo criterio es que el sueño trajo un don o una misión al creyente.
Tercer criterio, S. José -dice la tradición-, vive su sueño con obediencia, silencio y humildad. Gran parte de la
gente que cree que sueña cosas de Dios cuentan sus sueños con soberbia, protagonizando su propio ego, y
enfatizando algo malo. Lo interpretan desde supersticiones y el pecado que han hecho unas noches antes. Por
tanto, cuando alguien en verdad ha soñado el sueño de Dios lo comparte con obediencia, silencio y humildad.
Un último criterio: Los sueños para Sofronio están dentro del contexto de los milagros y curaciones. Por tanto,
los sueños son un modo en como Dios cura a un alma. Ejemplo de ello es cuando Sofronio habla de dos
Julianas, Juliana la ciega y Juliana la tísica. Dos médicos mártires, Juan y Ciro se les aparecieron curándolas de
sus enfermedades, a la ciega rica, de su soberbia y la pobre tísica desde su humildad. Esa curación une el sueño
con la fe obediente que está en s. José. El sueño de Dios trae una bendición curativa, a José lo curó para siembre
del ruido de la desobediencia en la que había caído Adán y Eva. Este cuarto criterio trata pues, que el sueño de
Dios cura espiritual y moralmente.
Queridos hijos e hijas en el Señor, José aprendió a mirar al cielo aquí en la tierra en el momento en que
obedeció al Ángel. Elevó, con su humilde disposición la dignidad de nuestra existencia ante los ojos paternos de
Dios. Al asumir a Jesús y a María en su sueño nos dejó la puerta abierta para que nosotros también soñemos con
Dios. Ya que somos frutos de esa paternidad de Abraham, David y s. José. ¿Cómo vives esta paternidad en las
promesas del creador? Dios también te habla en la intimidad de la noche, en el sueño de tu alma, que no te
encuentre ocupado en las fantasías del pecado y viendo videos, disperso por las cosas del mundo. Hoy es un
gran día para unirse al misterio de Dios con una devoción más constante al humilde s. José. Porque este varón
de sueños justos nos enseña a vivir de la Palabra y callar las voces del mundo en nuestro interior.
Que S. José y la Virgen María acojan nuestras debilidades y remuevan el ruido de nuestros pecados. Que nos
ayuden a obedecer a las cosas del Padre para que la santidad de Dios sea una realidad en nosotros.
Gloria.
Abad Hildebrando OSB