Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Homilía del VII Domingo de Pascua - 2022

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Homilía del VII Domingo de Pascua - 2022

29 de Mayo del 2022
por Benedictinos

Evangelio

Jn 17, 20-26

 

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos’’.

 

Homilía:

 

Ascensión’22/RB

San Benito traza para los monjes el itinerario de la Ascensión, la subida de doce grados de humildad en la escala que Jacob vio en un sueño. Por esta escala subían y bajaban los ángeles. Cristo bajó hasta nosotros para que nosotros subamos por él por esta escalera. Escuchemos la receta de la santa Regla: «La Escritura, hermanos, dice a gritos: “Todo aquel que se ensalza, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”». Luego, «Por tanto, hermanos, si queremos alcanzar la cumbre de la más alta humildad, y si deseamos llegar rápidamente a esta ascensión celestial, a la que se sube por la humildad de la vida presente, con nuestros actos tenemos que subir la escalera que se le apareció en sueños a Jacob, en la cual los ángeles subían y bajaban. Aquel bajar y subir no significa otra cosa para nosotros sino que por la ascensión bajamos y por la humildad subimos. La misma escalera levantada es nuestra vida de todos los días, vida que el Señor levanta hasta el cielo cuando nuestro corazón se humilla. Los dos lados de esta escalera son nuestro cuerpo y nuestra alma, en estos dos lados la llamada de Dios colocó los escalones de humildad y de disciplina por los que queramos subir».

En su sueño, el fatigado patriarca Jacob, con una piedra como almohada, ve la escalera por la que subían y bajaban los ángeles de Dios mientras dormía (Gn 28, 10-15). El sueño abre sus ojos a Dios presente en la vida. En este momento de su vida, Jacob se siente desconectado, tanto de su pasado de engaños como de un futuro desconocido. Se encuentra en un atasco, en que todos sus proyectos de vida han quedado rotos. En esa situación Dios lo visita y le revela que el lugar donde se encuentra es santo; Dios le asegura que lo acompaña a lo largo de todos sus bajadas y subidas de la vida. En su situacion actual, mirando hacia atrás y hacia delante, la vida se le parece a Jacob toda gris y triste. Pero en el sueño Dios trasforma la situación y le revela a Jacob que el momento en que sus fuerzas y posibilidades se agotan, Dios interviene y se encarga del asunto. Jacob, en lugar de huir de Dios, se acerca a Dios en el momentó crítico. La almohada de piedra, en su camino a través de la soledad, que podría ser una piedra de tropiezo, se convierte en lápida de recuerdo de la fidelidad y misericordia de Dios.

Si leemos la descripción de la escalera de la humildad a través del prisma de la vida de Jacob, vemos como en una etapa difícil Dios nos visita, o como en un atasco que nos abre a Dios, o como piedras peligrosas en el camino se trasforman en piedras santas para construir un altar como Jacob hizo en Betel, altar que conmemora la presencia del Señor. Los doce grados de humildad son las experiencias de la vida que nos ayuden a conocernos a nosotros mismos; son escalones de la subida a Dios. El número doce significa la plenitud. En la Biblia doce es número de la comunidad perfecta –doce son las tribus de Israel y doce los apóstoles–. Por doce grados de la humildad –la virtud de la humildad se escribe «conocerte a ti mismo»–, el monje llega a su perfección en la comunidad de sus hermanos; el cristiano asciende hasta la salud y la santidad, hacia el cielo.

Queridos hermanos monjes, amados hijas e hijos en san Benito, El estudio de los doce grados de la subida a la humildad es complejo. Pero, en esta Ascensión se observa que Benito traza su espiritualidad en la linea vertical. Desde abajo, el monje o el cristiano se sube a Dios quien, descendido desde su divinidad hasta lo complejo humano, se bajó hasta morir con, resucitar y subir al cielo con nosotros. Alma y cuerpo son los dos lados de la subida a la humildad, y la persona entera sube por la escalera para llegar a Dios. Todos los afectos, pensamientos, energías y deseos de la imaginación se ofrecen a Dios para que su Espíritu los trasforme. Es lo que hizo Jesús, Hijo de Dios, como guía y compañero en nuestra Ascensión, fiesta que culmina su misterio pascual, fiesta que celebra nuestra subida por la escalera de que nos diseña el arquitecto de nuestra santidad, nuestro padre San Benito. Queridos Hnos. monjes, amadas y amados Hijas e Hijos en Cristo, hoy nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo. Que nuestro corazón suba también con él a lo más alto de la humildad, para configurar en nosotros el cielo en la tierra.

 

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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