Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Vigilia Pascual - 2022

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Vigilia Pascual - 2022

18 de Abril del 2022
por Benedictinos

Evangelio

Lc 24, 1-12

 El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro a tierra, los varones les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado. Recuerden que cuando estaba todavía en Galilea les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado y al tercer día resucite”. Y ellas recordaron sus palabras.

Cuando regresaron del sepulcro, las mujeres anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana, María (la madre de Santiago) y las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían desvaríos y no les creían.

Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero sólo vio los lienzos y se regresó a su casa, asombrado por lo sucedido.

Homilía: 

Vigilia pascual’22 (Lc 24,1-12)

«Muy de mañana», el primer día de la nueva creación, las mujeres, llevando perfumes para embalsamar a un muerto, descubren que la piedra sellando el sepulcro ya había sido retirada. La Pascua de la resurrección significa que la piedra que nos bloquea se quita, de modo que la vida dentro de nosotros ya no se guarde bajo llave, y ya sobra el aceite perfumado que se guarda para conservar el pasado. Las mujeres llevan perfumes, ¿para qué? Porque la muerte, destino de toda vida, huele mal. A pesar de la cantidad de perfume que nos echamos a lo largo de la vida, no se quita ni se disfraza su hedor. Me pregunto, ¿cuánto perfume he usado para cubrir mi miedo, mi impiedad, mi intolerancia, mi pecado? ¿Cuál es la vida que llevo, guardada bajo llave como en una tumba, sellado con una piedra, vida que espera resucitar en la luz del día?

Cuando las mujeres entran, perplejas, en la tumba vacía, ven a dos personas (v. 23 los llama ángeles=mensajeros) con vestidos resplandecientes que les dicen: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado. Recuerden que cuando estaba en Galilea les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite”».

Los ángeles avisan que no tiene sentido buscar al que está vivo entre los muertos. Jesús vive, y a los vivos no se les busca en una tumba. Si queremos reconocer a Jesús Resucitado, no lo encontraremos en el pasado, ni en las fotos y letras muertas de nuestra historia personal, que incluye la historia fresca Jesús entregado en manos crueles, crucificado y resucitado. El evangelio nos invita a releer las páginas de la propia vida bajo la luz de Jesús, muerto por nuestros pecados y resucitado a la vida. Encontramos a Jesús en la nueva vida a la que él nos conduce, rompiendo las cadenas de un pasado triste, removiendo la piedra que bloquea la puerta, saliendo a la luz del primer día de la nueva creación. El evangelio fija nuestra mirada hacia adelante, hacia el nuevo día. Nos invita a la relectura de nuestra propia historia, en la gracia de Dios.

Ahora con el descubrimiento del sepulcro vacío las palabras de Jesús brillen con nueva luz. La resurrección nos invita a una nueva lectura de nuestra vida, con sus altibajos, sus luces y sombras. La pascua es la llave que nos abre al nuevo sentido de las palabras de Jesús. La Pascua provoca en las mujeres una nueva comprensión de sus palabras y gestos, y salen del cementerio para informar a los discípulos de lo que han oído y lo que les ha sucedido. Sus pasos, que antes se dirigieron hacia el sepulcro, ahora se alejan del sepulcro y de la muerte. Este cambio de rumbo, en el vocabulario benedictino, se llama la conversión, un cambio radical de actitud y forma de pensar. Pero, ¡qué difícil!. Es más fácil aferrarnos a la muerte que nos espera a todos, que asentir a la vida nueva encontrada en Jesús muerto y resucitado.

Cuando Pedro oyó el reporte de las damas, « se levantó y corrió al sepulcro. Se asomó, pero solo vio los lienzos». Él recorre el mismo tramo que las mujeres antes que él, y después de él seguirán innumerables monjes y personas que buscan verificar el hecho de la resurrección y la nueva vida. Todos comprobamos la misma realidad: «¡No está aquí!». El sepulcro vacío anula para todos y para siempre la garantía de la muerte, y nos coloca ante este misterio que solo los lienzos, lo que se quedó en el sepulcro, puede revelar. Pedro «vio los lienzos». En el sepulcro ya no existe la muerte sino solo los despojos de la muerte, unas reliquias, quizá recuerdos dolorosos. Este sepulcro vacío comprueba el triunfo de la vida sobre su antiguo adversario. ¡Finalmente la muerte conquistadora queda vencida, la muerte caducada deja lugar para la vida resucitada, de la cual todos los fieles compartimos!

Queridos Hijos:

¡CRISTO HA RESUCITADO!, y la respuesta: VERDADERAMENTE, ¡CRISTO HA RESUCTADO!

R.P. Konrad Schaefer OSB

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