Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Viernes Santo de la Pasión del Señor - 2022

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Viernes Santo de la Pasión del Señor - 2022

18 de Abril del 2022
por Benedictinos

Homilía: 

Viernes Santo’22

El reporte de la pasión pone en evidencia varias historias distintas.

Primero está la tragedia de Judas, cuyo nombre queda ligado al beso con el que traicionó a su amigo[1]. Judas aparece en la foto en medio del grupo de soldados y luego se esfuma en la noche, como de repente se ausentó de la última cena. En su aviso a la policía, su “beso” les iba a indicar a la persona a quien deben arrestar (Marcos 14,44-45; Mt 26,48-49). Hay besos y besos. Con una palabra Judas se refirió al abrazo normal donde el “beso” (filéô) equivale a un apretón de manos. Pero el beso traicionero que le dio a Jesús en Getsemaní fue el beso (katafiléō) que es más íntimo, significa la más cálida devoción. Además de su traición, nos asombra el nervio del hombre que poco después se vería impulsado a ahorcarse por el remordimiento[2].

Luego está la fuga de Pedro. Vimos ayer que, en la última cena, Pedro no quiso que Jesús le lavara los pies, e llegó a jurar seguir al Maestro hasta la muerte. Ahora está en Getsemaní, empuña una espada, corta la oreja del acólito, alejándose poco a poco de Jesús, hasta que el canto del gallo le despierta su conciencia a su negación tres veces repetida.

En el drama está alistado Pilato, dividido en su encuentro con Jesús, sobre todo por su silencio. Le inquieta el misterio que envuelve al extraño acusado, pero también Pilato comprueba que la autoridad humana no función con limpia intención y –con su pregunta, «¿qué es la verdad?»– se ve que la verdad no suele tener peso en las intrigas de un gobierno débil o corrupto.

En el reparto de la pasión está, por supuesto, el público, todas aquellas personas cuyos intereses convergen con un mismo propósito, saborean por un rato la ilusión de una unidad artificial, basada en el sacrificio de un chivo expiatorio. ¿No sucede a veces en la familia y en la comunidad, cuando se disfraza el miedo y la inseguridad con la violencia, los gritos, y justificaciones insistentes y baratas?

La chusma pone en evidencia la impotencia del prepotente Pilato. Por un lado, él está pendiente de la opinión popular; por otro, él teme al emperador a quien debe su nombramiento como prefecto. Pilato se vacila aquí y allá, entre el apoyo de la multitud y el consentimiento del emperador. Avisa a la multitud de que con la muerte de Jesús se alejan de Dios, su verdadero rey, y se entregan al poder del gobierno civil. Se percibe la ironía de esta frase: «No tenemos otro rey que el César”» (19,15). Con esto la chusma muestra que, en definitiva, se han apartado de Dios y se han entregado a la opinión popular. Pilato y la chusma muestran dos espejos del ser humano. Cada persona oscila entre Pilato y el pópulo, entre el poder y la impotencia, entre Dios y la opinión popular, entre la libertad y la esclavitud.

En la película de la pasión está el escuadrón de la muerte, los cuatro soldados, ejecutores de obras sucias, que sólo hacen su trabajo, aunque a veces añadan algo más –un poco más de saña, de crueldad, de diversión– a costa de su víctima. Sucede que los soldados están tan acostumbrados al maltrato que el terrible destino de su prisionero no los detiene de su inclinación por el juego. Los soldados, aburridos en el desempeño de su oficio, repartieron entre sí los efectos personales de la víctima, y echaron suertes para ver a quién se gane la túnica de un solo tejido de arriba abajo.

Finalmente, en el drama de la muerte de Jesús, está el pequeño grupo de mujeres: María, la madre de Jesús; la tía de Jesús, hermana a de su madre; María, la esposa de Cleofás, y la Magdalena; cuatro estatuas en silencio, con el discípulo a quien Jesús amaba. Pronto se les unirán José de Arimatea y Nicodemo, dos oficiales justos que vencieron su timidez en el momento cruel de la muerte del inocente.

Queridas hijas e hijos, De todos estos grupos, ninguno se encuentra demasiado lejos de nosotros. ¿Me reconozco entre ellos? De alguna manera, ¿te encuentras presente en la pasión de Jesús? Sin duda es con este afán que san Juan no les quitó de su reporte, y retrató en ellos la naturaleza humana, esa mezcla de bondad y crueldad, de miedo y ternura, estupidez y nobleza que Jesús vino a salvar.

No hace falta decir, preferiríamos reconocernos en el pequeño grupo de fieles reunidos al pie de la cruz para recoger las últimas palabras, los últimos gestos de Jesús, palabras y gestos grabados en la sangre y agua que transformarán el mundo. Pero, si no es con el discípulo amado, con las santas mujeres y con Nicodemo y José, ¿qué me importa? Fue por todas estas actrices y actores de reparto, y también por Judas Iscariote desparecido en la noche, que el Hijo de Dios murió en la cruz. ¡Y también para ti, y para ti, y también para ti, y para mí –como proclamará San Pablo–, el último, el menos prometedor, el menos esperado de los apóstoles (cf. 1 Cor 15,8-9)!

R.P. Konrad Schaefer OSB

[1] En la pasión de Juan, se nota que no reporta un beso como signo de traición.

[2] Según la noticia de Mateo.

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