Monasterio Benedictinos Cuernavaca

XXVII Domingo ordinario - 2021

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XXVII Domingo ordinario - 2021

04 de Octubre del 2021
por Benedictinos

Evangelio

Mc 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

Después de esto, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.

Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Marcos 10,2-16’21

El evangelio insiste en nuestra amistad y ciudadanía en el Reino de Dios; es la escuela del discipulado, y Jesús habla de cómo medir las decisiones y la conducta en sintonía con los valores del Reino eterno, que conduce a la vida feliz y apoya la dignidad de las personas. Los fariseos se acercan a Jesús con una pregunta espinosa, y luego, cuando se acercaban a Jesús los niños para que los tocara, los discípulos los reprendían. Su respuesta a cada grupo revela dos rostros del ser humano: uno, la cara del niño; otro, el rostro del divorciado. Jesús explica a los fariseos: Moisés permitió el divorcio debido a la dureza del corazón. En la casa cuando los discípulos le piden aclarar el asunto, Jesús responde que se entra en la vida feliz si nos acercamos a Jesús como niños.

La pregunta sobre el divorcio descubre la dura realidad de indefensión jurídica y social que sufre la mujer en algunas sociedades. Los fariseos preguntan: ¿es lícito a un hombre divorciarse de su esposa? (Se nota que no preguntan acerca de lo lícito de una mujer divorciarse de su esposo.) A veces se recurre a lo lícito o lo legal para resolver los enredos en la vida, pero legalizar algo o prohibirlo no siempre conduce a la vida más humana y feliz. La aplicación de la ley no siempre tiene buenos resultados, y la legalidad no siempre propicia la vida. La legalización de algo puede ser un triunfo ficticio para algunos y causa de daño o trauma para otros. Pienso en las armas, en las drogas, en el amor. ¿La pregunta del divorcio? La respuesta no es fácil. A veces, por el pecado o por condiciones irreconciliables en la vida, un matrimonio nunca se logró, o bien, dejó de ser, particularmente en casos de crueldad y abuso.

Cuando Jesús responde a la pregunta y afirma que “lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”, nos invita a reflexionar dos veces, a descubrir en lo interior del propio corazón la capacidad de parecernos a Dios, la capacidad de vivir un amor duradero, contra todo obstáculo, toda infidelidad, un amor que sostiene la alianza y genera la vida. Moisés permitió el divorcio debido a la dureza del corazón. Entonces, me pregunto, ¿cómo tratar, cómo suavizar el corazón?

El corazón duro, tal como se entiende en la Biblia, impide ver más allá de los propios intereses y criterios; es experto en dividir más que unir y se queda pendiente de la falta y error ajeno. El corazón duro termina en el desamor, desconectado de la vida, y construye muros entre las personas. Comenta Jesús que la ley permitió el divorcio debido al corazón duro. Se refiere a un ámbito más amplio que el matrimonio, porque el duro corazón genera la separación de personas en cualquier situación, en la familia, en la comunidad monástica, en la Iglesia, en la sociedad. ¿Dónde nos inculcamos el lema de san Benito, si no en familia o en comunidad con tantos elementos diversos: «Tolérense con suma paciencia sus flaquezas tanto físicos como morales»? En este segmento del evangelio Jesús enseña a los discípulos, sobre su relación con Dios en Jesús. En dos ocasiones les preguntaban, después de la multiplicación de los panes para la multitud, ¿todavía no comprenden? ¿Tienen los corazones duros? (Mc 6,52; 8,17).

Jesús afirma que nos conviene hacernos como niños y niñas, quienes viven en constante referencia a los demás. Un niño aislado difícilmente encuentra vida plena. La niña requiere la tutela de otras personas que miren por su bien, su desarrollo, la atención y corrección. Cuando la gente llevaba a Jesús unos niños para que los tocara, los discípulos intentaban prohibirlo, pero él responde: «Dejen que los niños se acerquen a mí, … porque de los que son como ellos es el Reino de Dios». La amistad con Jesús y la ciudadanía en su Reino no aprueba la exclusión, que resulta del duro corazón.

Si queremos hacer viable la amistad, la convivencia, el matrimonio, la familia, el trabajo, la comunidad eclesial, habría que superar el mero tratamiento lícito de los asuntos de la vida y avanzar hacia el amor que transforma la dureza del alma, la dureza del juicio y de nuestros argumentos. Así fomentamos la vida feliz y avanzamos hacia la comunión en una sociedad nueva, el Reino de Dios, donde se sana del esclerosis del corazón, recupera de la niñez perdida, y no existe el divorcio.

  1. Konrad Schaefer O.S.B.

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