Monasterio Benedictinos Cuernavaca

XXVI Domingo ordinario - 2021

Volver

XXVI Domingo ordinario - 2021

27 de Septiembre del 2021
por Benedictinos

Evangelio:

Mk 9:38-43, 45, 47-48

En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”. Pero Jesús le respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga’’.

Palabra del Señor.

 

 

Homilía:

Marcos 09,38-43.45.47-48 [Num 11,25-29]’21

Al final de su vida, Moisés nombra a setenta oficiales que le asisten en el gobierno del pueblo. Un escándalo surge cuando el Espíritu de profecía desciende sobre Eldad y Medad, dos que se quedaron fuera al grupo. El joven Josué le dijo a su maestro: “Mi Señor Moisés, prohíbeles que lo hagan”; en respuesta Moisés respondió: “Ojalá todo el pueblo fuera profeta y recibiera el Espíritu del Señor”. Surge la pregunta, ¿quiénes son los elegidos y quiénes no, los de adentro o los de afuera? El evangelio presenta una escena semejante. El joven discípulo Juan quiere prohibir que alguien fuera del colegio haga milagros en nombre de Jesús, pero Jesús le responde: “No se lo impidan ... Aquel que no está contra nosotros está a nuestro favor”, y añade, “Todo aquel que ofrece tan solo un vaso de agua … no perderá su recompensa”. Por ser tan importante la profesión de fe, el asunto de la salvación se vuelve tan sencillo como un vaso de agua.

            En la misa la [cuarta] plegaria eucarística nos dirigimos a Dios Padre: “Y cuando por desobediencia perdió la amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca”. Luego, después de la consagración, se oye, “Ahora, Señor, acuérdate de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio: … [del santo padre, del obispo de la diócesis, de los ministros ordenados,] de los oferentes y de los aquí reunidos, de todo tu pueblo santo y de aquellos que te buscan con sincero corazón”.

            Querid@s hij@s, A la luz del texto cuando Josué quería prohibir quitar el Espíritu Santo de los que no estaban en el grupo, y del evangelio donde Juanito quería prohibir a un extraño trabajar en nombre de Jesús, nos preguntamos, ¿qué hay de las personas alejados de la práctica de la fe que hacen buenas obras y muestran el Espíritu de Jesús en sus vidas? ¿Qué de las personas que no se acercan a los sacramentos, o de los jóvenes que se alejan de la tradición de la familia? Y ¿qué de las parejas no casadas qué buscan en la Iglesia católica una Palabra de esperanza y vida? ¿Los que no tienen fe se salvan igual que los que sí la tienen?

            Muchas personas hacen distinción entre los de adentro y los de afuera, entre cristianos y paganos, incluso en la comunidad se hacen distinciones entre los “del grupo” y aquellos que viven en la periferia. Pero Jesús sugiere otra clasificación: entre ateo y ateo. Hay cristianos católicos que profesan su fe a viva voz, pero no la viven. Se acomodan en su grupo, se acomodan en su capilla; existe un “ateo” que profesa su fe con los labios, pero su vida es un desastre que no sintoniza con lo que dice. También, existe otro “ateo”, aparente lejos de la comunidad practicante, cuya vida manifiesta los dones y los frutos del Espíritu Santo. En el evangelio el discípulo Juanito, como Josué de la primera lectura, diría que este segundo “ateo” debe callarse y ser excluido, pero Moisés responde, “Ojalá todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor”, y Jesús confirma su postura, “Todo aquel que les dé a beber, aunque sea un vasito de agua, les aseguro que no se quedará sin recompensa”.

            Un vasito de agua fría. Conozco a un monje que sufre y vive su fe en la oscuridad. Este monje quiere creer; él quiere orar, quiere sentir las acaricias de Dios, pero se siente desconectado, o como Dios le había bloqueado de su “FACE” o cancelado de su WhatsApp. O bien, no siente nada más que un enorme punto de interrogación sobre el sentido de la vida. Lo hermoso es que este monje se muestra atento a sus hermanos y a los huéspedes, siempre con amable servicio de palabra y obra, aun mientras sufre y siente que esté alejado, que no tiene fe.

            Amadas hijas e hijos, las lecturas de este domingo nos enseña que la fe no se reduce a una cuestión de deberes y de privilegios; la fe es en primer lugar la gracia y la amistad con Dios que se expresa en nuestra conversión. Nos alegra el privilegio de conocer de cerca a Cristo, su evangelio y amor dentro de la Iglesia. Pero no es la única forma de la santa comunión con Jesús. Hay aquellos que “buscan […a Dios] con sincero corazón” (plegaria eucarística). Nuestra fe consiste, además de una profesión con los labios, en que todos comulgamos en el dolor que sufre el mundo frente a Dios; todos comulgamos la incomprensión y el atropello de los valores humanos, todos comulgamos el contagio de los efectos del egoísmo y violencia, y a diario todos sufrimos la pandemia de esta “cosa” que toca nuestra puerta. Además, somos invitados a comulgar en las obras de caridad y la esperanza de la vida plena. Ahí está la solidaridad en la fe, aun cuando nos sintamos alejados o excluidos de la comunión con Cristo, su Iglesia y nuestra comunidad. Moisés fue acertado cuando respondió a su acólito Josué, “Ojalá todo el pueblo fuera profeta y recibiera el Espíritu del Señor”. Jesús representa la misma postura frente al exclusivismo de Juanito: “No se lo impidan ... Aquel que no está contra nosotros está a favor nuestro”, y nos alienta con su afirmación, “Todo aquel que les dé de beber un vaso de agua …, no quedará sin recompensa”. ¡Qué estupenda la definición del discípulo de Jesús! Todo favor hecho a una hermana o un hermano, tan normalito como ofrecerle un vasito de agua, será recompensado por Dios. Todo servicio hecho a otra persona, es a Jesús a quien se le hace. Esta palabra canoniza la estrecha unión de vida entre Dios y nuestra humanidad.

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

Volver