Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Domingo 3º del Tiempo Ordinario - Ciclo B - 2021

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Domingo 3º del Tiempo Ordinario - Ciclo B - 2021

25 de Enero del 2021
por Benedictinos

Evangelio

 

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

 

Homilía:

 

Marcos 01,14-20’21

El evangelio presenta el cuadro del mundo en movimiento: Juan Bautista está encarcelado, próximamente martirizado. Del desierto de la tentación Jesús se dirige a Galilea, donde anuncia: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” –me llaman la atención los puntos de contacto entre el evangelio y lo que vivimos en la actualidad, frente a un adversario misterioso, que nos hace prisioneros en nuestras casas, revuelve las costumbres y los valores, y el anuncio, “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ya está cerca”. San Pablo advirtió a los corintios sobre la brevedad y la urgencia de un cambio (1 Cor 7,29-31): “el tiempo apremia”; por lo tanto, “conviene que … los que sufren [vivan] como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no compraran; los que disfrutan el mundo, como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos” –el mundo en que confiamos– “es pasajero”, es frágil. También el mensaje del profeta Jonás a la sociedad de Nínive (la primera lectura) nos pone en alerta: “Dentro de cuarenta días Nínive será destruida” –y nosotros enfrentamos las evidencias de la “normalidad” conocida, anhelada, que dejó de ser normal. Ahora, junto con este mensaje y –¡más!– frente a la amenaza del tremendo cambio, Jesús anuncia: “El Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse”. Esta palabra convertirse tan conocida por los profetas, ¿a qué se refiere?, sino al cambia de actitud habitual, al examen de nuestros valores para abrir espacio para la mano de Dios en la vida. Sí, queridos hermanos y hermanas, en tiempo y situaciones cuando Dios parece ausente o lejos o desinteresado, somos movidos a cambiar nuestra óptica. Frente al retraso del regreso a la “normalidad”, nos desanimamos, nos invade la desesperación silenciosa, y la fatiga crónica está moliendo a la sociedad. Y con su advertencia “conviértanse”, Jesús nos desafía a mirar las cosas de manera distinta. ¿Cuáles cosas? La vida, la familia, las fiestas, y hasta las relaciones afectivas. Hoy estamos, y eso ya es ganancia, pero el mañana nuestro “estar” no es seguro, y esta verdad en sí es la llamada de atención a vivir el día de hoy de una manera distinta: las relaciones humanas, el cuidado de uno mismo para cuidar a los demás. Respecto a las actitudes y los valores, estamos acostumbrados a ciertas facilidades, ciertos beneficios en los ámbitos social, educativa, económica, y de repente, todo cambió, y nos quedamos con la preocupación, la ansiedad sin perfil y con la pregunta, ¿hasta cuándo, Señor?

Pero llega la crisis de la persecución religiosa ­–Juan Bautista encarcelado, esperando la sentencia– y Jesús anuncia con toda confianza: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse”. ¿El Reino de Dios? Ofrece este nuevo Reino a la puerta de nuestra conciencia. En cada hora del día un reino de miedo, de desconfianza se nos presenta con el bombardeo de noticias, muchas veces contradictorias y con poca claridad –los contagios, la vacuna, la mutación–. Y nos arriesgamos quedarnos atormentados, conquistados por este reino de miedo y ansiedad.

Justamente en este tiempo Jesús llega a nuestro Galilea –Galilea en el evangelio es la vida cotidiana–, entra en contacto con nosotros y proclama su mensaje. Viene a sacudir todo a su paso. Empezando por algunos pocos a los que se acercan y quienes le prestan oídos y corazones, Simón y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan, arreglando sus redes, y de repente, por la sola palabra de Jesús, dejan su barca, su empresa y hasta su padre para seguirlo, y eso, no por unos días, ni por una temporada, sino para siempre y por una vida completamente distinta y desconocida, señalada con la vaga indicación de Jesús: “haré de ustedes pescadores de hombres y mujeres”, y así, dejaron atrás su “normalidad”, lo que les daba sentido a la vida, sus afectos, sueños y ambiciones –todo, menos su hermandad–. Cuando se dieron cuenta de su pérdida, ya había sucedido y era demasiado tarde. No importa cuánto quisieran resistir o marcharse, algo más fuerte, alguien infinitamente más imponente, les había llamado. Y lo más asombroso, también consolador, es que el cambio no se les hacía violencia a aquellos que respondieron a la llamada a la conversión por el Reino de Dios. Para su sorpresa, se conformaban con lo que les invadía, sin marcha atrás, y, a veces confundidos y contentos a la vez, buscaban el significado del Reino de Dios en su vida. La mirada hacia atrás, el estrés entre liberarse de la amarga contingencia y conformarse a la dulce atracción de la palabra de vida ni siquiera los tambalea. Los primeros discípulos respondieron a la llamada a una nueva etapa de su vida, acompañados por Jesús quien iba adelante.

Queridas Hijas e amados Hijos, confieso que es difícil para todos ahora, particularmente cuando a diario nos llegan las confianzas de personas cercanas que sufren, que no encuentran la salida a su dolor y aturdimiento. Pero nuestro mundo está marcado indeleblemente con la Pascua de Jesús, que comprende el sufrimiento, muerte y Resurrección, y nosotros, hombres y mujeres de fe, compartimos la buena nueva con signos palpables de nuestra conversión y cambio de actitud, en la esperanza, la caridad y las buenas obras, que nos abre el mundo nuevo, bañado en el amor del Reino de Dios que está cerca, en la decisión, la actitud y la actuación de cada uno de nosotros.

 

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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