Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Solemnidad de la Sagrada Familia 2020

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Solemnidad de la Sagrada Familia 2020

29 de Diciembre del 2020
por Benedictinos

Sagrada Familia’20

En el arte sacro, me interesa la figura de san José en su familia, la santísima Virgen y el Niño Dios. Se nota toda una evolución de su persona, desde una figura arrinconado en la familia, cosa que recalca la virginidad perpetua de la Madre, hasta un hombre activo, quien lleva al niño en sus brazos o lo acompaña en el taller. A finales de la Edad Media, José se retrata como protector y proveedor de la familia; ayuda en la preparación del baño después del alumbramiento, sopla para avivar el fuego o, con sartén en la mano, prepara la comida, o simplemente se detiene delante la Madre y el Niño con velita en la mano, reflejo de su Hijo, la luz del mundo.

En una época en el arte navideña, observamos un detalle extraño: José se ha quitado el calzado, detalle que recuerda a Moisés, quien se quitó los huaraches ante la zarza ardiente para expresar su temor reverencial en presencia del YO SOY Dios Salvador. En algunos cuadros, figuran los pantalones de José –más bien, son los «pants» o pijama que se lleva, como ropa interior, debajo de su túnica–. En las pinturas José se lo quita su pants, o se lo ha quitado, para tapar al Niño Dios desnudo, o para ofrecerlo como pañales. ¿Por qué este detalle de quitarse su pants? José se lo quita, para acercarse al misterio de la encarnación de Dios «con calzón quitado», sin pretensiones, desnudo, tal como es. Relaciono este detalle con la frase «él –o ella– lleva los pantalones en la familia», que advierte a la autoridad de uno de los cónyuges. José renuncia todo control, asume el papel de actor de reparto; se queda al lado, asombrado ante el Niño.

Me pregunto, ¿Por qué José le ofreció al niño divino su «pants» como pañales? Pues, el Niño Dios se vistió con lo que la Sagrada Familia tenía a la mano; esto enseña que Dios se conforma con lo que cada persona tiene para ofrecer. Este detalle nos invita a envolver al Niño divino con lo que tenemos, sin temor de que lo que ofrezcamos vaya a ser lo suficiente bueno y oportuno. Cuando san José no encontró pañales para el Niño Jesús en la noche fría de Belén, se lo ofreció su pants. Recuerda la letra del villancico, «El pequeño tamborilero»:

El camino que lleva a Belén  //  Baja hasta al valle que la nieve cubrió // 
Los pastorcillos quieren ver a su rey  //  Le traen regalos en su humilde zurrón  // 
Ropo-pom-pón, ropo-pom-pón  // 

Ha nacido en un portal de Belén el Niño Dios

Yo quisiera poner a tus pies algún presente que te agrade, Señor,
Mas, tú ya sabes que yo soy pobre, también,

Y no poseo más que un viejo tambor
Ropo-pom-pón, ropo-pom-pón, pón

En tu honor, frente al portal tocaré con mi tambor.

 

En la historia del arte sacro, san José raras veces se encuentra solo, como figura independiente; casi siempre forma parte de un grupo constituido por otras personas –la Virgen con el Niño en brazos, o inclinado frente al pesebre; en la presentación en el templo, el padre ofrece las dos palomas de los humildes; o bien, san José está atento a la Virgen en la visita de los pastores o en la adoración de los magos. En la migración a Egipto José, joven y vigoroso, guía la mula que lleva en su lomo la Virgen sentada, con el niño en brazos; muchas veces lo encontramos en su taller, instruyendo al Niño Jesús su oficio; en la agonía de José, la Virgen y el joven Jesús lo atienden. Muchas representaciones lo muestran sentado o de pie, siempre acompañado por el Niño Jesús, llevándolo en brazos, o bien caminando juntos, los dos cogidos por la mano, escena que tiene todos los rasgos de una vida cotidiana. También son varias pinturas con gran carga de sentimentalismo, donde el Niño se adormece en brazo de su padre José, y otras pinturas en las que el Niño acaricia la cara o la barba de su papá. Todo esto da la impresión de que el santo está en contacto directo con el Niño Dios todos los días.

Amados hermanos monjes, tenemos en la Sagrada Familia el estandarte de la familia monástica benedictina. María, José y Jesús, forman la familia trinitaria; es el modelo para imitar por su mensaje de la obediencia silenciosa a los designios divinos. Cada persona da su consentimiento a lo que Dios lo pide en el plan de salvación, incluso cuando la tarea pudiera resultar incómoda o incomprensible, o incompatible con los proyectos personales. De este modo, cada persona en la foto muestra la plena confianza en Dios, sin hacerse preguntas, sin poner trabas a lo que se le pedía, por muy costoso o inverosímil que le pareciera. Aún en las pinturas de la Edad Media, para recalcar la virginidad de la Virgen, cuando san José aparece como arrinconado, apartado, siempre está en relación con la familia, pero pensando, meditando el misterio que tiene delante. Y, ¿no es esta la actitud del monjito y del creyente frente al misterio de nuestra salvación?

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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