Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Domingo 26º del Tiempo Ordinario - Ciclo A - 2020

Volver

Domingo 26º del Tiempo Ordinario - Ciclo A - 2020

28 de Septiembre del 2020
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»

Contestaron: «El primero.»

Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

 

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Mateo 21,28-32 (Ez 18,25-28; Flp 2,1-11)’20

Dos hermanos habitan el corazón. El mayor se siente bien consigo mismo. Es ordenado y cumplido –tan correcto, amable, que no percibe la necesidad de la conversión–. Se fija en las flaquezas y faltas de otras personas. Es quien contestó a su papá: «Sí, papi, ya voy a trabajar en la viña». Pero no fue. A su hermano también su jefe le mandó a la viña. Es destraído, inconforme. En comparación con su hermano, es menos puntual, más vulnerable, propensa a caer y, por eso, acostumbrado a levantarse para seguir adelante. Él contestó a su jefe, «No quiero ir», pero se arrepintió y fue a trabajar la viña. [El texto dice, con una expresión fuerte, traducida «se arrepintió», griego metanoia, «cambiaron su actitud, su manera de pensar». Al final del evangelio Jesús se dirige a su audiencia, «los fiscales y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él». Cada hermano cumplió con el encargo del padre. El primero con su palabra “Ya voy, Señor”. Su hermano, quien suele llegar tarde, se arregló con su cambio de actitud (griego, metanóia).

            Los dos hermanos viven bajo el mismo techo. Con palabras fáciles y correctas, el primero deja una buena impresión, sonríe y evade la tensión en las relaciones. Responde que sí, para quedar bien. La superficie se ve bien, pero lo que no se ve es la oscuridad del corazón. Su hermano es demasiado franco; lo tachan como inconforme. Si no le parece alguna cosa, él lo comenta, sin pelos en la lengua. Los dos viven tan cerca el uno del otro, que habitan el mismo corazón. Juntos, representan la tensión en la vida espiritual. Una faceta es el profesional que cuida las apariencias, pero algo le falta. Se arregla con la palabra, sonrisa y la respuesta amena, pero el corazón permanece lejos de su Padre. Polo opuesto es quien quiere ser bueno, pero no alcanza –Jesús lo llama «publicano y prostituta»–. Por su debilidad reconocida, es más sensible a Dios, dispuesto a cambiar su actitud y arrepentirse.

            Los dos hijos viven en el mismo corazón. Uno gusta quedar bien; su hermano se siente apenado, incómodo ante la falla. Jesús habla claro: es el segundo hijo quien se adelanta camino al Reino de Dios, el que se reconoce como pecador y necesitado de la gracia. «Yo les aseguro que los abogados y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios».

            Jesús se dirigió a la gente practicante de su religión –escribe el evangelista, “los sumos sacerdotes y los ancianos”– y sus palabras nos incomodan. Nos invita a un cambio de actitud, la conversión. Existe una fidelidad superficial, correcta, atractiva, que se muestra al público. A otro nivel en la conciencia, existe una fidelidad sufrida, torpe, con tono desafinado, pero que al atardecer se redime por las obras, por haber trabajado en la viña del Padre. No se trata de una oposición entre ellos, felicitar uno y reprobar a su hermano. La verdad es que son hermanos, dos hijos del mismo amable Padre Dios, comprometidos a cultivar la misma viña. El primer hijo se arregla por afuera, pero su interior es un desastre. El segundo, bajo su corteza áspera, tiene corazón que late la compasión y la misericordia que hacen eco de las entrañas de Dios. Tiene un corazón que Dios alcanza y moldea según las dimensiones de su Sagrado Corazón.

 

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

Volver