Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Monje Padre Benito Verber Rodríguez O.S.B.

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Monje Padre Benito Verber Rodríguez  O.S.B.

09 de Septiembre del 2018
por Benedictinos

Hoy, 6 de septiembre, antes de las 5 a.m. se levantó; luego de rezar el oficio de  vigilias y laudes en el coro monástico, celebrar la Eucaristía y cuidar la limpieza y el alimento de las aves en el claustro, al terminar de desayunar en el refectorio monástico y lavar sus trastes, nuestro hermano Padre Benito se sitió mal, se sentó en la silla en la cocina, y tranquilamente, con la atención de varios hermanos monjes, devolvió la respiración que el amable Dios le había prestado durante sus casi 96 años de peregrinación el este siglo, 66 años de consagración monástica, 59 años de vida sacerdotal. El oficio de difuntos se celebra en el monasterio, y la Eucaristía se celebrará a las 10:30 p.m. el día de hoy, a las 7:00 a.m. el día de mañana, y la misa de difuntos seguida por el sepelio en el panteón del monasterio a las 12:00 del día de mañana.

El menor de cinco hermanos, el niño José (Benito) Verber Rodríguez nació el 12 de marzo de 1922, en Pénjamo, Guanajuato. Desde su más tierna infancia nunca fue extraño a las adversidades de la vida. Desde que tenía tres años, cuando su padre emigró a California, su familia tuvo que luchar para seguir adelante en la vida. Pronto se mudaron a León, Guanajuato, donde abrieron una verdulería. El párroco de San Francisco del Rincón, inspiró a su entusiasta monaguillo adolescente a ingresar al seminario diocesano y estudiar latín (1935-38), después de lo cual el joven regresó a la casa familiar para trabajar en el negocio familiar y disfrutar el deporte y el cine, con afán en el basquet. Después de diez años la semilla de la vocación monástica germinó en su corazón.

El joven José ingresó en el recién fundado monasterio benedictino de Monte Casino, en la carretera de Cuernavaca-México D.F., el 1 de diciembre de 1947, y recibió el hábito monástico en la víspera de Nochebuena. Un mes más tarde, su noviciado se detuvo bruscamente debido a disputas entre los tres fundadores. Después del cierre, el joven Benito continuó su resolución con uno de los fundadores, Dom Gregorio Lemercier, OSB, en la fundación monástica de Santa María de la Resurrección. Benito reinició su noviciado el 14 de agosto de 1950, profesó votos temporales un año después, y tres años más tarde profesó votos solemnes. Realizó estudios teológicos en Morelia, Michoacán, y fue ordenado sacerdote el 16 de agosto de 1959, por el prelado de Cuernavaca, Mons. Sergio Méndez Arceo.

Obstáculos inesperados seguían obstruyendo su camino monástico. En 1967, el Vaticano suprimió el monasterio de Santa María de la Resurrección debido a la práctica del psicoanálisis. Después del cierre del monasterio, la Santa Sede nombró al monje Padre Benito responsable por la propiedad y los bienes del monasterio. Durante un tiempo se asoció con el párroco de una iglesia en Echegaray, Ciudad de México. Después de dos años, se le permitió continuar su vocación donde quisiera, ya sea uniéndose al clero diocesano o uniéndose a otra comunidad monástica. En ese momento, solicitó dos años al delegado apostólico, lo que le permitía construir su casa de sus hermanas en León. Gracias a su labor durante tres años, Padre Benito pudo completar la casa donde residían sus hermanas hasta su muerte.

Antes de dejar su asignatura en la Ciudad de México, Padre Benito ya le había expresado a nuestro fundador, el Padre Ambrosio, OSB, su deseo de ingresar en la comunidad en Ahuatepec. Después de visitar un monasterio en Colombia, Padre Benito trasladó sus votos al monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, donde fue recibido el 20 de noviembre de 1972.

La cosecha de la vida monástica y sacerdotal del Padre puede medirse en la obediencia generosa y la bondad hacia sus hermanos y amigos del monasterio. En sus 69 años de vida sacerdotal Padre Benito ha ayudado en parroquias, entrenado a novicios y monjes aprendices, y durante muchos años ha estado a cargo de la cocina y la granja del monasterio. En sus últimos veinte años, Padre Benito supervisaba el huerto de aguacates y el jardín del claustro, y es la mano pionera en la producción de café «Orsal». Presta su iniciativa y su ingenio en la panadería sacando sus exquisitas trufas, galletas, mermeladas, cajeta y dátiles confitados. Además de su reconocida y apreciada sabiduría y perseverancia, embelleció los alrededores monásticos con arbustos, árboles y plantas, y le aportaba sentido a nuestra vida monástica por su caridad convincente.

R.P. Konrad Schaefer OSB

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