Monasterio Benedictinos Cuernavaca

IX Domingo del tiempo ordinario

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IX Domingo del tiempo ordinario

03 de Junio del 2018
por Benedictinos

El Hijo del hombre es señor también del sábado

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-3, 6

Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron:
—«Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les respondió:
—«¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se
vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote
Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»
Y añadió:
-«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el
Hijo del hombre es señor también del sábado.»
Entró otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo.
Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.
Jesús le dijo al que tenía la parálisis:
—«Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó:
—«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados.
Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre:
—«Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

 

HOMILÍA:

 

Marcos 02,23-3,6’18

            Dos personas entraron el templo en sábado. Una tenía una mano paralizada. Según la tradición, el sábado es tiempo de descanso, de liberación de las esclavitudes; el sábado, en la teología bíblica, es ocasión de restaurar la vida limitada y triste. Las dos personas, la de la mano tullida y la otra, encontraron ahí a Jesús. Después de su encuentro, la afligida salía del templo libre de su discapacidad, saludaba y sonreía con sus vecinos. Al salir del templo, la otra se quedaba con los mismos juicios y perjuicios de antes, y confabuló con sus cuates cómo deshacerse de Jesús, que se atrevía a quebrantar la ley del sábado y curar a una persona con la mano paralizada.

            Con su reporte en el evangelio, Marcos designa a dos tipos de persona en su propia comunidad; por un lado, son los feligreses más religiosos, correctos, que cuidan bien los ritos y guardan las normas del sábado hasta la letra. La otra persona está representada por los discípulos, que caminan por el campo en sábado y, por hambre o por descuido, arrancaban las espigas; o bien, en la comunidad de Marcos hay una mujer o un hombre que no tiene una vida libre, es incapacitada de alguna forma –representado por el hombre en la sinagoga que tenía una mano paralizada –. Es la persona torpe, inconveniente, que no se expresa bien, que no se conforma con las normas. Puede ser el mismo Norberto, el joven que sufre de epilepsia, cuyo griterío se oye en las aclamaciones durante la plegaria eucarística, que a veces nos incomoda durante la comunión –a quien, por cierto, no he visto durante los últimos tres domingos, y me pregunto si se encuentra bien –. La persona incapacitada puede ser la adicta al alcohol o al sexo, o obsesiva en el trabajo y no sabe descansar. En el tiempo de Jesús y en comunidad de Marcos, había personas “ultra correctos” en sus principios, pero se separaban de la gente a quienes consideraban faltantes o indignos. ¿Quiénes son los “fariseos” en el evangelio de hoy? La palabra fariseo viene del hebreo, y se refiere a las personas que se separan, los “separatistas”; se refiere a una secta judía fiel a los ritos, ceremonias y leyes. Por ende, se separaban de los demás judíos que era menos estrictos. En la compañía de Jesús había separatistas, fariseos, a quienes no les parecían la inclusión de quienes les incomodaban en sus principios exclusivistas.

 ¿Qué hora es? ¿Tienes la hora precisa? En la vida existen varias modalidades de tiempo. El tiempo que se mide con el reloj, se anota en la agenda y presume la puntualidad, se llama (cn griego) jronos. En la vida espiritual, existe otra modalidad de tiempo, el ocio santo, el descanso, tiempo libre, la convalecencia –los hebreos llaman este tiempo el “sábado” –. Aquí en el monasterio, el monje vive una tensión entre las dos modalidades: llega la hora o suena la campana (jronos), un determinado día (jronos), a tal hora (jronos), y entramos en la capilla para entrar en el “sábado” –el significado del sábado es “descanso” –, es el tiempo sagrado, tiempo de la liberación de las ocupaciones y preocupaciones, de la esclavitud al jronos. En la vida monástica, el oficio divino, la eucaristía, las oraciones de la mañana, de la tarde y completas son tiempos “sabatinos”, de liberación y santificación del jronos meramente secular o comercial.

Jesús fue criticado y finalmente condenado a muerte porque no observaba el sábado como prescrito en la ley (ver Mc 3,6). Pero Jesús nos aclara que el tiempo terapéutico, el tiempo santo, queda más allá de reglas de prohibiciones y licencias. En su defensa, afirma Jesús, “El sábado se hizo para el ser humano y no el humano para el sábado”, y con este dicho nos invita a disfrutar el tiempo que propicia la vida, a valorar el tiempo “reposado” que sana las heridas del jrónos. Cuando el monje entra en la capilla, olvida el reloj y la agenda, y se entrega a una calidad de tiempo menos productivo, menos útil, menos “secular”, pero a la vez a un tiempo reposado, sabatino, “re-creativo” y sagrado. El alma que se dispone a celebrar la liturgia sale del jronos y entra en el sábado. Al inicio de la eucaristía, cuando el presidente comienza con la frase “En el nombre del Padre”, invita a la asamblea a cambiar la hora de sus relojes interiores, a entrar en un espacio de tiempo reposado, sin urgencias y preocupaciones que presionan el medido jronos. Y al final de la celebración, el sacerdote invita al pueblo de Dios a salir en paz, šālôm, a llevar la gracia de este tiempo sagrado al mundo y al siglo despiadados en cuestiones de tiempos. Se espera que después de celebrar la liturgia, el pueblo de Dios, nuevamente sanado, liberado y alimentado con el tiempo de Dios, se dedique a sus actividades en el jronos pero renovados por el “sábado”.

            Dos personas entraron la sinagoga en sábado. Una, que tenía la mano paralizada, entró en contacto con Jesús y fue sanada. La otra, escandalizada por lo ocurrido, se reunió con sus cuates para ponerse de acuerdo de cómo deshacerse de Jesús y de las personas incómodas. Estas dos personas del evangelio plasman dos maneras de cuantificar y calificar su tiempo, la manera de disfrutar el sábado para fomentar la vida sana y liberadora.

 

R.P. Konrad Schaefer OSB

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