Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - 2020

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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús - 2020

19 de Junio del 2020
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

 

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

 

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Sagrado Corazón de Jesús-monje’20

La liturgia del Sagrado Corazón nos inspira meditar la fisionomía del monje. San Benito –que emplea la palabra corazón (latín, cor) 31 veces— comienza su Regla: “…inclina el oído de tu corazón” (RB prol.1); luego, repite la frase “no endurezcan su corazón” (prol.10; cf. 2.12); el santo valora “la sinceridad de corazón” (prol.26; cf. 4.24; 20,3, “pureza”), y nos aconseja que vivamos “la verdad con el corazón y con los labios” (4.28). En su “escucha” –que se escribe “obediencia”– el monje que avanza en la vida monástica—la conversión—milita no sólo con su cuerpo sino también con su corazón (prol.40) “que se ensancha por la dulzura de un amor inefable” (prol.49). San Benito enseña, el monje no se deja conducir “por la voluntad de su propio corazón” (3.8), evita murmurar en el corazón (5.17-18) y rehúye el exceso de la comida para no embotar el corazón (39.9). En la enseñanza sobre la humildad, el “corazón” se refiere a la vida interior del monje (7.3.8.14.18.37.48.51.62.65); es el campo que conviene cuidar para evitar toda enfermedad y todo mal.

Me pregunto, ¿deseo yo un corazón como él de Jesús? Hoy en la fiesta del Sagrado Corazón, admiramos al arquitecto y diseñador del corazón monástico. Él nos invita a acercarnos al “manso y humilde de corazón”, para encontrar descanso. Y luego, el monje, “fatigado, agobiado” por la carga, se dispone a la cirugía de corazón abierto que, más que resistir, más que morir, se abre a la voluntad del Padre, el cirujano divino. Nosotros monjes meditamos la Palabra de Dios, permitimos que el mismo escalpelo de la Palabra creadora reconfigure el pensamiento y moldee el carácter, para que el mismo monje, frente a lo dura et aspera y las humillaciones (cf. RB 58.8) de la vida, sepa y tenga de dónde sacar cosas nuevas y viejas (64.9). En fin, el Sagrado Corazón de Jesús-monje busca ser “desinteresado, sobrio, misericordioso, y siempre prefiera la misericordia a la justicia, para que a él le traten de la misma manera” (64.10).

            ¿El corazón, acuñado según el Sagrado Corazón de Jesús? Tiene la sensibilidad tanto de amor como de odio: Enseña san Benito: “Odia los vicios, ama a los hermanos” (64.11). Cuando el monje hable, lo hace con prudencia y sin exageración, para limpiar la vasija, no romperla. En el hablar nos cuidamos de fregar demasiado duro lo sucio (cf. 64.12). El corazón de Jesús-monje considere siempre su propia fragilidad y recuerde que con el fastidio, la insistencia, se peligra quebrar la caña hendida. Con esto no quiere decir que el monje pase por alto y deje crecer los vicios, sino que los corte y los limpie, con prudencia y caridad, según conviene a cada hermano (64.14). No todos reciben igual atención: mientras hay respeto a los mayores y amor a los menores, la misma regla de caridad se aplica al trato a todos y a cada uno. Quien se forma en la escuela del Sagrado Corazón de Jesús, “tolera con suma paciencia las enfermedades, tanto físicas como morales” (72.5), de sus hermanos, y, como el mismo Jesús, propone ser más amado que temido (64.15).

En fin, el corazón de Jesús-monje no es agitado ni inquieto, no es exagerado ni terco, no se deja llevar por los celos ni los juicios temerarios, que nunca lo dejan descansar (64.16). Camino a la conversión aprendemos que los temores y aprensiones que andan y espantan por la casa, no tienen más consistencia de lo que se los permita; además, nos damos cuenta de que todo juicio es equivocados. Sí, los juicios desgastan el buen celo del monje y lo desvían del camino hacia la santidad.

El Sagrado Corazón de Jesús-monje es previsor y amable en sus modales y, ya se trate de cosas de Dios o de asuntos del mundo, la moderación es la medida de sus decisiones y palabras, recordando la discreción de Jacob cuando decía: “Si fatigo mis rebaños haciéndoles andar demasiado, morirán todos en un día” (64.17-18). Puede ser que el celo ardiente del joven pida más de sus hermanos de lo que él mismo es capaz de realizar. Tomando, pues, el testimonio de discreción, la madre de la virtud monástica, el Sagrado Corazón de Jesús-monje ponga moderación en todo, de tal modo que los hermanos fuertes deseen más y los débiles no se “agüiten” (64.15), sino que todos vamos juntos hacia la vida eterna (cf. 72.12).

Amados hijos, celebramos el Sagrado Corazón de Jesús-monje. En el grado en que cada monje aplique este plan arquitectónico a la remodelación de su propio corazón, seguro es que oirá la invitación de Jesús: “Vengan a mí, todos los fatigados y agobiados por la carga; yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre tus hombros, aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Seguro es que oirá la felicitación a aquel siervo bueno que distribuyó a su tiempo el trigo entre sus compañeros: “Les aseguro, que le confiará la administración de todos sus bienes” (64.22).     

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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