Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Domingo 3º de Cuaresma - Ciclo A - 2020

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Domingo 3º de Cuaresma - Ciclo A - 2020

25 de Marzo del 2020
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor, dame de esa agua así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla.»
Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve.»
La mujer le contesta: «No tengo marido».
Jesús le dice: «Tienes razón que no tienes marido; has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»
La mujer le dijo: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

Palabra del Señor

 

 

Homilía:

 

 

Juan 04,5-42’20

La historia en el evangelio rebosa de teología, que comienza con el nombre del lugar: Sicar se refiere a “algo obstruido, atascado”. El ser humano está impedido, la fuente de la mente y corazón está tapada, y no recibimos el agua adecuada de la fuente para apagar la sed. Ya no brota agua suficiente de nuestro interior.

Cuando Jesús, cansado del camino, dice «Dame de beber», expresa un deseo elemental de todo ser humano: nacimos con sed, y, después de la respiración, el primer auxilio al niño es la leche. El evangelio relata el encuentro de la sed que tiene dos caras, la sed de las cosas temporales y la sed de la vida plena, la primordial sed de Dios para nuestra salvación. Jesús, Hijo de Dios, tiene sed … de la salud de toda mujer y todo hombre. La samaritana es impulsada por la sed de amor, del sentido de la vida, y aún no ha podido apagar su sed, con cinco esposos más el amante actual. Nosotros conocemos la sed insaciable de cosas que se ofrecen desde afuera; Jesús nos recuerda de una fuente dentro del corazón que se convierte «en un manantial capaz de dar la vida eterna».

            En un sentido análogo el evangelio ilustra el drama del coronavirus. De la vida «normal» desde hace un mes, la noticia actual se ha despierto una sed apasionada de salvaguardar la vida, conservar la propia vida, ponerse fuera del peligro. Se manifiesta una sed intensa de conservar la vida que tenemos a la mano. El evangelista reúne las dos fuentes en el corazón humano, la fuente pura y efusiva de vida divina, y la fuente contaminada y sedimentada por los intereses y preocupaciones temporales. Jesús, descansando en el brocal del pozo, tiene sed de desbloquear, limpiar nuestra fuente. Ahora con el virus en el aire, tomemos toda precaución para promover la salud; la fe nos mueve a conservar la serenidad y la caridad, y beber del manantial que brota desde adentro y es capaz de dar la vida sana.

Jesús llega al pozo de Sicar a la hora sexta; es mediodía, una tarde bochornosa, la misma hora en que, más tarde, Poncio Pilato presenta a Jesús como rey y lo crucifica, para que desde su costado traspasado brote ríos de agua y sangre. Pero ahora, a la misma hora sexta, la mujer llega con su cántaro, se entrevista con Jesús y, cuando se aparta de Jesús para evangelizar a su pueblo, deja el cántaro junto al manantial de vida eterna, que es el Espíritu de Jesús, sentado al brocal del pozo, quien se le había dirigido, «Dame de beber». Más tarde en el evangelio, pero a la misma hora del día, se oye el grito de Jesús desde la cruz, «Tengo sed», tengo sed de salvar a seres humanos, tengo sed de la vida plena, la vida sana, para todo el pueblo.

 

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

 

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