Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Domingo 6º del Tiempo Ordinario - Ciclo A - 2020

Volver

Domingo 6º del Tiempo Ordinario - Ciclo A - 2020

18 de Febrero del 2020
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,17-37):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:
no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

Palabra del Señor

 

 

Homilía:

 

 

 

Mateo 05,17-37’20

            Después del sepelio de la Señora Evangelina, asistí a la comida. Nos sentamos en la mesa, y una señora sacó un frasco de gel antibacterial y nos lo ofreció a todos. Luego, en la sobremesa, se oyeron alusiones y chismes sobre personas que no estaban presentes. Llamaba la atención, el uso escrupuloso del desinfectante para las manos, mientras hace falta otro desinfectante para el corazón.

            Jesús habla de dos caminos de perfección. Los dos legislan, “no matarás… no cometerás adulterio”. Pero la simple prohibición del homicidio o femicidio no basta; Jesús aclara que una observancia de la ley al pie de la letra no es suficiente. La interpretación que se limita a lo exterior y se desliga del corazón, donde se comete asesino tras asesino sin darse cuenta, engaña. Había una vez una mujer cuyas manos eran limpias de asesinatos, pero ella acarreaba atropellados por el silencio y descuartizados por el chisme. Jesús precisa que cualquiera que desprecie a un prójimo es un asesino. Expone la interpretación cristiana del mandamiento: no es suficiente dejar con vida a alguien después de despedazarlo con la lengua; la prohibición a no matar implica sacar de su raíz todo rencor y odio. En cuanto al mandamiento «no matar», Jesús comenta que, más que no quitarle la vida de alguien, hay que generar la vida, por medio del diálogo y de la reconciliación.

            En cuanto al mandamiento de «no cometer adulterio», de nuevo, Jesús comenta sobre la vida interior del sujeto. La mirada morbosa nace de lo interior; está en el corazón, donde anida el pecado; comenta Jesús: “Lo que sale por la boca brota del corazón; y eso, sí, contamina a la persona. Porque del corazón salen malas intenciones, asesinatos, adulterios, fornicación, robos, falso testimonio, blasfemia” (Mt 15,18-19). Se observa que no basta limpiar las manos con gel antibacterial de los asesinatos y los adulterios, mientras no apliquemos el desinfectante a la fuente interior que permanece cochambrosa. ¿De qué sirve limpiar la copa por fuera si por dentro lleva porquería y muerte?, pregunta Jesús.

            Como sacerdote, siempre me llama la atención en el sacramento de la confesión, cuando comentan, “no tengo pecados, pero sí tengo justificaciones… son aquellos que me hacen sentir mal… no me toman en cuenta… sufrí algo en mi niñez que me actuar hace así… me faltó el afecto de mi padre… no me confieso porque veo al sacerdote más pecador que yo… yo soy espiritual y me gustan las cosas de Dios, pero no voy a misa porque …”.

            Lo que le importa a Jesús es la sanación del corazón, y el primer paso hacia la salud, aun antes de la cirugía, el medicamento o el tratamiento, es el diagnóstico. Según el diagnóstico que hace del fariseo, se contenta con la piel de la ley y se engaña acerca de la enfermedad en la raíz. ¿Para qué sirve ser irreprochable por fuera si la codicia, el odio se acurrucan en el interior? Bien cita Jesús el profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (Mt 15,8; cf. Is 29,13).

            Para diagnosticar la salud del corazón, Jesús da un criterio que no se equivoca: la calidad de las relaciones con el prójimo. La prohibición de matar no se limita al simple hecho de dejar alguien con vida después de atropellarlo o difamarlo, o aun de no enojarse contra ellos. Su criterio llega hasta más allá, porque nuestra relación con el prójimo alcanza hasta las relaciones con Dios: “Si cuando llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino” (Mt 5,23-24). Más que recalcar la prohibición de matar o evitar el adulterio, Jesús nos cuestiona, hasta qué grado nuestra espiritualidad propicia la vida de las personas. Si se quiere reformular los mandamientos, quitar su tono negativo de «No matar», «No cometer adulterio» y «No jures en falso», podría escucharlos en lo positivo: dé, gestiona la vida de tu prójimo. No basta con tener las manos limpias: hay que limpiar el corazón del odio, la raíz de todo homicidio. Y en cuanto al adulterio, no basta con no acostarse con la pareja de otro: hay adulterios fantásticos que hay que eliminar para generar la vida de Dios en el pueblo. Queridos hijos/as, arreglémonos con nuestro prójimo mientras hay todavía tiempo, mientras caminamos con él en la vida, para no sorprendernos en el juicio, cuando sería demasiado tarde.

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

Volver