Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Solemnidad Jesucristo Rey del Universo - Ciclo C - 2019

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Solemnidad Jesucristo Rey del Universo - Ciclo C - 2019

25 de Noviembre del 2019
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Lucas (23,35-43):

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:
«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Había también por encima de él un letrero:
«Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo».
Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo:
«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Lucas 23,35-43,’19

            Tan lejos de los partidos y las plataformas políticos, lejos de los movimientos del poder que fascinan y alborotan a las multitudes y los manifestantes, san Lucas pinta el retrato único del jefe de estado: Cristo Rey del universo, pero con rasgos que chocan con el gusto y el sentido común. Todos tenemos una noción de cómo debe ser el rey, el jefe, el padre o el abad. En cuanto a los gobernadores o al presidente, queremos colocarlo en un rango aparte; esperamos ciertos talentos administrativos, tenemos altas expectativas, a veces cualidades que nos faltan o bien las que no se hallan en otras personas, y le exigimos logros que nosotros mismos no alcanzamos. Además, hacia el rey o jefe de estado, sentimos una michelada de admiración y rechazo, a la vez, respeto y desdén. Atraídos a su figura, cuidamos distancia.

            En su retrato de Cristo Rey, san Lucas se fija en la realeza fuera de serie; su gobierno no corresponde al modelo acostumbrado. Su corona es grotesca, espinas, enrolladas en su cabeza sangrienta; le visten de púrpura, para burlarse de él; su sede es un poste, donde lo clavaron desnudo; le aclaman con abucheos y rechiflas. Los dos vicarios que lo atienden son criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. Su toma de posesión no es como se espera de un rey a quien le corresponde un protocolo de honor y respeto. Al presentar lo contrario al decoro y a las formas habituales de poder, el evangelista realza la novedad de este reino que Jesús viene a instaurar.

            En pocas palabras el evangelio da la clave para comprender su Reino insólito. Cuando el bandido, crucificado al lado de Jesús, le pide acordarse de él en su Reino, el Rey le responde: «Yo te aseguro que hoy conmigo estarás en el paraíso». Con esta frase «hoy conmigo estarás», Jesús pone patas arriba nuestro concepto de la política. Aquí no exige distancia reverente y condescendiente de los gobernantes. Su majestad no tiene nada que ver con los privilegios más allá de la vida ordinaria de las personas, o la separación de clases. Su autoridad se reconoce por la fragilidad que el Rey vive en carne propia; el Hijo de Dios en la cruz asume la herida mortal de nuestro pecado hasta el límite. Se acerca la temporada del nacimiento de Emmanuel, «Dios con nosotros», que es el sello de excelencia del Reino que Jesús inauguró. Dios está aquí, junto contigo, presente contigo y conmigo. No hay que buscarlo lejos de la casa; no lo logramos ajeno al corazón. Dios está aquí, tan cerca que a veces nos cuesta reconocer que sea él quien nos visita, quien atiende, nos interpela. Mírenlo, entronizado en nuestra humanidad, coronado con toda la contradicción humana.

            ¿En qué consiste este extraño Reino donde el rey-pastor sale a buscar a la oveja descarriada, la lleva sobre sus hombros y la devuelve al rebaño? ¿Cómo se presenta el inesperado gobierno donde el mismo Dios se levanta de la mesa y se ciñe con una toalla para lavar los pies de los flaquean en su fe? La película de Cristo Rey, mientras toma posesión de su gobierno, no corresponde a lo que esperamos de un jefe de estado. Se oye la voz de los magistrados, de los soldados y de un co-crucificado: «Sálvate a ti mismo». El primer instinto es unir nuestra voz con la aclamación: «Si eres el mesías, sálvate a tí mismo». Es la tentación que nos visita a lo largo de la vida. Pero hay otra voz, la de los que encuentran a Cristo como su Rey. Digamos con sincero corazón, con el delincuente perdonado: «Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí», y oigamos su amable respuesta, la bienvenida calurosa a su Reinado nuevo: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso». Queridas Hijas e Hijos, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva!

Su respuesta es clara. Introducida con un «Yo te aseguro»—hebreo/griego, «Amen»—, que señala la autoridad y confirma lo dicho: el malhechor estará con Jesús en el «paraíso», recuerdo del jardín del Edén antes de la aventura del pecado. La relación personal, «estarás conmigo» garantiza la salvacion, que comienza el día de «hoy» de su sufrimiento y de su muerte, como expresion excelente del amor que abre las puertas a su Reino. Pero, ¿quién recibió esta bienvenida al paraíso? ¡No manches! El primero que entra en su Reino es un criminal arrepentido, que da a entender que el Reino es abierto a todos, y al mismo tiempo confirma hasta dónde alcanza la amnistía que brota del costado de Cristo Rey. En la cruz la misericordia llega a su plenitud. Cristo Rey ofrece a cada persona, incluso en la hora de la muerte, la oportunidad de convertirse. Y sus palabras nos aseguran también a nosotros que en la muerte seremos conducidos por Jesús al paraíso antes del pecado.

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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