Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Domingo 16º del Tiempo Ordinario - Ciclo C - 2019

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Domingo 16º del Tiempo Ordinario - Ciclo C - 2019

23 de Julio del 2019
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Lucas 10,38-42’19 (“agitada y preocupada”)

La inquietud y las preocupaciones de Doña Marta son dos actitudes que contaminan la sociedad en que vivimos y hasta infiltran la Iglesia y la vida de fe. Hoy en día, el bombardeo de la información, los ruidos y escándalos que nos llegan, alimentan la ansiedad generalizada y nos dejan perturbados. Cuando Jesús le comenta, «Marta, Martita, muchas cosas te preocupan y te inquietan …», la invita a tomar conciencia del ajetreo en que vive la dueña de la casa – en el evangelio Doña Martita está presentada como la dueña de la casa donde se hospeda Jesús; también, en lengua aramea, la palabra mar-ta significa “la Jefa” –; también nos advierta del trajín en que vivimos – el ruido y los rumores, las urgencias, las atracciones y distracciones de todos los días –. En algún sentido, en la persona de Martita nos miramos en el espejo con su traqueteo, sus miedos, las dudas y preocupaciones. La considero como la proyección de los miedos e impulsos que invaden la casa donde pretendo hospedar a Jesús.

Jesús no reclama a Doña Martita su hospitalidad, su servicio y atención a los detalles. Tampoco quiere poner en campos opuestos la vida activa y la vida reposada, contemplativa. Lo que Jesús la reprocha por su preocupación y agitación que pueda perturbar a su entorno y contaminar a las personas cercanas. Y cuando ella, que anda “del tingo al tango”, criticando a quienes no se mueven como ella – «Señor, ¿no te das cuenta que mi hermana me deja sola con toda la chamba…» – es entonces cuando Jesús le responde. ¿Qué sentido tiene recibir a alguien como huésped si ni siquiera se toma el tiempo para pasarlo bien, sentarse y escuchar? Doña Martita se dejó engañar por la ansiedad, su temor a no dar el ancho o a fracasar en sus expectativas; o bien, esperaba un reconocimiento por todo su afán, pero, con todo el esmero para quedarse bien, descuidó al huésped en su casa, al mismo Jesús.Mirando a Martita, podríamos reconocer a nosotros mismos. ¿No estamos nosotros inquietos y preocupados por cuestiones de la familia, asuntos en la comunidad o la Iglesia? ¿No nos preocupan la violencia, la corrupción, los cambios o las voces del gobierno? ¡Como si todo dependiera de nosotros o si pudiéramos resolver algo con la preocupación!, nos olvidamos de escuchar el reproche: «Marta, Martita, demasiadas cosas te preocupan, siendo que una sola es necesaria». El maestro de la historia, quien ve todo, busca hospedarse en la casa para compartir con nosotros su pan, para que actuemos de acuerdo con la escucha de su Palabra. Así, en el corazón del Evangelio Jesús se dirige a cada persona. ¿Somos contados entre aquellos que se dejan conquistar por las ansiedades y la agitación que nos invade desde afuera? ¿O, por el contrario, como nuestra hermana María, quien habita la misma casa, nos atrevemos a poner los miedos y las cargas imposibles a los pies de quien afirmó, «Mi yugo es ligero y mi carga ligera» (Mt 11,30)? Me pregunto, ¿la inquietud, la ansiedad, la preocupación – el insomnio y las quejas digestivas – son síntomas de la falta de esperanza y fe, la reticencia en confiar en una Maestra fuera de mí mismo, el Verbo de Dios hecho carne?Entonces, ¿cómo superar esta inquietud y ansiedad que nos invaden y nos impide y hasta nos aleja de nuestra comunidad primera y de la Iglesia? ¿Cómo atrevernos a descansar cuando tantos ruidos nos impulsan a rendirnos al frenesí de la calle? ¿Cómo no dejarnos abrumar por el pesimismo y la duda que nos rodea? – es la pregunta que Jesús aborda, cuando nos invita a mirar a nuestra hermana María, sentada, escuchando a su divino huésped. Mirando a su hermana, Marta aprende que para lograr la paz precisa buscar el punto quieto en un mundo que gira – no en el bullicio y preocupación, sino en la persona de Jesús hospedado en la casa y quien nos invita a asumir la postura de discípulo y escuchar, aprender de él, que es tranquilo y humilde de corazón.Es allí donde Pablo, el apóstol a las naciones, logró la paz y ​​la paciencia aun en el sufrimiento, es ahí donde él supera la prueba, como cuenta en su carta a los colosenses (1ª lectura). Replicó en su propia experiencia el misterio de Cristo; unió su dolor con el sacrificio de Cristo para una causa mayor, la salvación «de su cuerpo, pues es la Iglesia», porque estaba tan impregnado, que todo lo que le sucedió se convirtió en el evangelio de la gracia. Su esperanza no estaba fundada en lo que él mismo había hecho, en lo que había logrado, sino en la palabra de Jesús a sus discípulos que Pablo apropió para sí mismo: «Yo estoy contigo todos los días, hasta al fin del tiempo». De verdad, Cristo Jesús está con nosotros, nos visita en la casa y en el corazón, y nos invita a estar tan atento a su presencia, como ponemos atención a los quehaceres de la casa.Amadas hijos e hijas, Martitas y “Martitos”, hoy en esta Eucaristía la Iglesia nos invita a salir de las preocupaciones e inquietudes, a atender a nuestro huésped, a dejarnos llevar por la alegre presencia de Jesús que hospeda en la casa, recibir la gracia de su paz, confiar en él, en su amabilidad e infinita paciencia. ¡No estamos solos! Amable Dios sabe lo que nos hace falta y no nos deja desamparados. Porque aun si somos infieles, aun cuando te olvidas de su presencia en el alma, él permanece fiel y se acuerda de ti, por los siglos de los siglos. 

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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