Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Solemnidad de nuestro padre San Benito 2019

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Solemnidad de nuestro padre San Benito 2019

11 de Julio del 2019
por Benedictinos

San Benito’19

En el prólogo de la santa Regla, san Benito hace una lectio del salmo 33. En una ocasión cita el salmo. En un verso el salmista invita,

 Venid, hijos, escuchadme:

 os instruiré en el temor del Señor (v. 12).

Luego, pregunta con el salmista “Quién es el hombre que quiere la vida y desea gozar días felices?” (v. 13). Y a la persona que responde “Yo”, nuestro maestro expone la receta para quien quiere la vida y desea la felicidad:

Guarda tu lengua del mal,

tus labios, de la falsedad;

apártate del mal, obra el bien,

busca la paz y corre tras ella (vv. 14-15);

 

            En una ocasión Santo Tomás de Aquíno comentó que toda la ética, toda la vida moral está encapsulado en un solo versículo: “Apártate del mal y obra el bien”. Es un texto demasiado simple. Me pregunto, ¿De verdad – me pregunto— merece el peso que se le dan san Benito en el prólogo, y santo Tomás, Doctor Angélico de la Iglesia?

            La primera parte se entiende bien: “Apártate del mal”. En una visita con mi hermana, de repente ella se levantó de su silla y llamó a su hija, mi sobrina de tres años, que estaba jugando en el cuarto adjunto: “Marina, ¡déja de hacer eso!” Poco después, mi sobrina, asombrada, entró en la sala. Mi hermano explicó: “Cuando mi hija está callada, yo sé que está haciendo travesuras”.

            Pienso que mi hermana tenia algo de razón, no solo para mi sobrinita, sino para muchas personas. Ninguno de nosotros está lejos de hacer travesuras de alguna forma, pero muchos somos ciegos a las consistencias en nuestra conducta, y fácilmente podemos justificarnos –o a base de nuestras buenas intenciones, o a base de nuestra historia personal, o por las incongruencias de las personas cercanas. Un buen examen de conciencia podría revelar varios “males” o conductos de que nos convendría apartarnos. El salmista lo dice bien, y san Benito lo recalca: “Guarda tu lengua del mal, tus labaios, de la falsedad; apártate del mal”. Es un programa de conversión, un proyecto de vida –pero a medias –. El verso del salmo se queda truncado a la mitad. Porque hay un consejo que sigue: “Apártate del mal”, y … y … “obra el bien”, dice el salmista.

           Las posibilidades de hacer el bien son infinitas. El peligro es que no se nos ocurren, a veces, porque no nos damos cuenta de lo que pasa, o vemos una situación, pero nos juntamos con el maestro de la ley o el levita en la parábola del “buen samaritano”: damos un rodeo y pasamos de largo (Lc 10,31-32). Para muchas en la confesión, se fija mas en las faltas y los errores propios –o los descuidos o maldades del prójimo, e ignoramos las posibilidades e inspiraciones que nos llegan para “obrar el bien”.

          La palabra mas importante en este versículo del salmo citado por san Benito es la conyunctiva: “y”. Los principiantes en la búsqueda de Dios, en “la escuela del Servicio del Señor”, solemos concentrarnos en la primera cláusula: evitar el mal. De tiempo completo se ocupan en en proyecto de evitar el mal, y no solo en su propio mal, sino también en el mal del prójimo, y, para algunas personas, después de tanto desgasto de energía en evitar el mal, no hay abasto de esfuerzo para hacer el bien. El resultado es que dejamos el bien desatendido. Cuando el prójimo deja su taza o su plato sucio al lado del fregadero sin lavárselo, un instinto del que llega es pasar de largo, dejarlo ahí, pensar en el descuido o el mal del hermano. Algo parecido sucede en el coro, en el atrio de la Iglesia, en la lavandería -- la omnipresente basurita que a veces adorna el claustro o nuestra sociedad. Nos fijamos en el apartarse del mal, y ¿qué hay de la segunda cláusula del salmo, que recalca san Benito en el prólogo de la Santa Regla? “… obra el bien, busca la paz y corre tras ella”. San Benito no cita el resto del salmo, pero advierte a ello, el versículo que sigue, “los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos; pero el Señor se enfrenta con los malhechores para borrar de la tierra su memoria”. Es interesante, en la espiritualidad benedictina, que el buscador de Dios no se conforme con el evitar el mal. Se crea una amistad con amable Dios eterno, al hacer el bien, al buscar la mirada y el oído del Señor, para que nuestra memoria no sea borrada de la tierra. San Benito concluye la santa Regla con los mismos valores con que inicia en el prólogo: “Así como hay un celo de amargura malo, que separa de Dios y conduce al infierno, así también hay un celo bueno que aparta de los vicios y conduce a Dios y a la vida eterna. Ejerciten, pues, los monjes este celo con la más acendrada caridad: es decir, anticípense a honrarse unos a otros. Tolérense con suma paciencia sus flaquezas tanto físicas como morales … nadie busque lo que juzgue útil para sí, sino más bien para los demás …y nada absolutamente antepongan a Cristo, el cual nos lleve a todos a la vida eterna” (RB 72).

 R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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