Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Domingo 14º del Tiempo Ordinario - Ciclo C - 2019

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Domingo 14º del Tiempo Ordinario - Ciclo C - 2019

08 de Julio del 2019
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,1-12.17-20):

EN aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles:
“El reino de Dios ha llegado a vosotros”.
Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”.
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad».
Los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Él les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Lucas 10,1-12.17-20’19

Jesús envía a sus discípulos: “Pónganse en camino …”. Lucas precisa que Jesús “los mandó a los 72 discípulos por delante” a todos los pueblos y lugares donde él pensaba ir. Según el texto griego, los envió “por delante [a modo] de su rostro” (pro prosópou autoû). Los discípulos hacen visible su rostro; nos adelantamos para abrir camino al Señor que sigue, cuyo Reino está por llegar. Somos el anticipo del Reino de Dios inaugurado en Jesús, cuyo rostro somos nosotros, los enviados.

Jesús instruyó a sus discípulos: “Cuando entren en una casa, digan: Que la paz reine en esta casa … curen a los enfermos … y díganles: Ya se les acerca el Reino de Dios” – una gran noticia: Dios está a la puerta—. El evangelio no es sólo una doctrina; es la persona que representamos. Por eso, la misión consiste en hacer palpable la salvación que encarna la persona de Jesucristo. Él mismo nos muestra cómo hacer la vida más humana. Nos anima a escuchar, a curar las heridas de la sociedad … Las palabras sencillas como el saludo de paz ponen a las personas en contacto con amable Jesús. Nos instruye, “Cuando entren en una casa”, el primer mensaje es: “Paz a esta casa”, bendición que se comunica con afecto y respeto, para infundir el ambiente con el bienestar, la prueba de la cercanía del reino de Dios.

Jesús envía a sus discípulos por las aldeas de Galilea como “corderos en medio de lobos”, como … ¡corderos! … en un ambiente atravesado por toda clase de conflictos y violencia, donde a veces la manada de lobos se impone. Es como Jesús nos diría: no hace falta más lobos, sino corderos. Nos envía como corderos, y cada vez que el ser humano se muestra agresivo o resentido, cada vez que nos entibiamos y hacemos difícil la convivencia, nos oponemos al espíritu de Jesús, nos volvemos más lobo que cordero. En un ambiente ruidoso, ajetreado e incluso violento y a veces francamente cruel, ¿se puede vivir de otro modo que no sea lupino [él del lobo]? En una convivencia atravesada por tantos intereses propios, rivalidades y enfrentamientos, ¿se permite la opción de vivir “como corderos”? ¿Cuáles son las condiciones y cuáles las consecuencias para quienes optan por vivir como corderos? La posibilidad del rechazo es siempre vigente. Me llama la atención la imagen elocuente del cordero. Mientras viva, el cordero provee lana y leche; una vez muerto, se convierte en barbacoa y pellejo. Entre los animales es manso, indefenso, fácil presa de un perro salvaje o un lobo. ¿Una diferencia entre las razas? Una vez la oveja se extravía, y hay que buscarla, mientras el lobo vive en el extravío. Ni siquiera una pandilla de corderos puede vencer un lobo.

Jesús envía a sus discípulas y discípulos como corderos entre lobos, pero no tiene por qué ser todo de rivalidad y conflicto. Siempre es posible propiciar la convivencia y tratar a las personas con respeto y amabilidad. La verdad, el ser humano no es un lobo; somos sencillamente humanos, imagen y semejanza de Dios, a veces torpes en el pensar, hablar y actuar. Aunque vivimos atados a muchos intereses, lo recomendable es vivir de modo que se aporte a la comunidad una dosis de bondad y simpatía. A nosotros y a la sociedad nos hace falta la bondad. Cada reacción tosca y agresiva, cada mentira, cada afrenta nos carga con más tristeza y sube la tasa de la violencia en el corazón y en la familia. No es fácil vivir con respeto y compasión, y tolerar con suma paciencia las enfermedades, tanto físicas como morales, del prójimo; tampoco nos conviene atrincherarnos y defendernos devolviendo mal por mal. Volvamos a Jesús y aprendamos de él y su empeño en hacer la vida más humana. Su amistad abierta a todos, su cercanía a los más olvidados, su perdón incansable, nos atrae. El “cordero de Dios que quita el pecado del mundo” fue enviado como cordero para vivir en medio nosotros.

Al final de su instrucción para la misión, Jesús nos advierte: “si entren en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan: Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes”. Con la imagen de sacudirse “el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies”, Jesús nos advierte de no dejarnos llevar por las mismas actitudes de los que se oponen al evangelio.

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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