Monasterio Benedictinos Cuernavaca

4º Domingo de Pascua - Ciclo C - 2019

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4º Domingo de Pascua - Ciclo C - 2019

13 de Mayo del 2019
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Juan (10,27-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Juan 20,27-30’19

 

Visitamos las antiguas catacumbas de la ciudad de Roma; recorremos los sepulcros en las extensas galerías, de los muertos paganos y de los cristianos, perseguidos a muerte. Llama la atención que, a lo largo de las galerías donde se sepultaron sus muertos, y en los espacios subterráneos donde se celebraba la eucaristía clandestina, entre todos los grafiti en las paredes, no hay ninguna representación de Jesús crucificado. Pero, en estos mismos corredores lúgubres, los cristianos grabaron la imagen del Amable pastor. Una pintura antiquísima representa a un joven que lleva sobre sus hombros la oveja perdida. Según la tradición de la Iglesia, hoy, domingo del Buen Pastor, volvemos a las raíces de nuestra fe, y nos unimos con la comunidad pequeña, perseguida tanto que los cristianos tenían que esconderse para celebrar a su Amable pastor resucitado.

Ahora en la sociedad occidental la profesión de fe católica no tiene que esconderse bajo tierra. La Iglesia parece bien radicada. Aunque no está de moda asistir a Misa, la fe en Jesús resucitado ya no exige arriesgar la vida para ser cristiano. Esto, por el lado oficial. Pero por el lado oscuro, la fe cristiana católica sigue siendo perseguida, subterránea. Aunque la confesión del Crucificado resucitado no nos lleva a la cárcel y a la muerte, como hace unos 90 años aquí en México, aunque casi cinco siglos de evangelización y la sólida cultura guadalupana sostienen la ilusión de que formemos un país católica, seguimos en riesgo de que los valores evangélicos no tengan resonancia en la sociedad, y están relegados a las catacumbas. Muchos de nosotros imaginamos que es posible abrazar una vida cristiana pacífica y cómoda, sin obstáculo, profesar una fe católica sin peligro, o más bien, solo con el riesgo subliminal de un cristianismo acomodado y un poco aburrido, complaciente, sin compromiso y sin sabor distinto de la plaza comercial. Hace poco escuché de uno de mis hijos monjes, “Ya me cansé de luchar; me siento cómodo y me conformo con la vida sin ilusión; no busco más”. Luego, escuché de otro hijo: “Me di cuenta que estaba triste, que, con tanto trabajo y estudio, yo había dejado la oración. Asisto al coro, pero sin interés. Ahora, no sé cómo, no sé si quiero volver a orar”. Y una feligresa me comentó: “Yo sé que hay muchas buenas personas en el mundo, pero las pocas personas malas hacen más ruido, tanto, que me es difícil querer hacer el bien, por tanto ruido que hace el mal”.

Amadas hijitas e hijos, El domingo del Buen Pastor nos vuelve a nuestras raíces. El evangelio nos pone en las chanclas de la Iglesia de Roma en los primeros siglos, y bajo el símbolo de un joven amable Pastor que lleva sobre sus hombros la oveja descarriada. En su discurso de “Yo soy el buen pastor”, Jesús afirma que  “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”. Si se habla de una "voz", no se trata de solo oírla, sino sobre todo de escucharla. Hay muchas “voces”, y a veces las de la maldad hacen tanto ruido que no se distingue la voz de las personas buenas. El Buen Pastor dice “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”. Esta "voz", distinta de los aullidos del mal, invita no solo a una escucha – la primera palabra de la Regla de san Benito – sino de un seguimiento. “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”. Esta frase afirma que la confesión de fe no se reduce a un aprendizaje de los dogmas o una observancia rutinaria, sino que implica ponernos en un camino para seguir a Jesús en el camino de buenas noticias. Jesús nos invita a seguirlo libremente y con alegría, aun en condiciones culturales y políticas adversas.

Hay tantas situaciones en la vida que impiden alegrarnos en el seguimiento del Excelente Pastor. A lo largo del camino hay muchas opciones más cómodas, o incluso tantos peligros y malas noticias que ahogan la alegría. Como ovejas en su rebaño, como cristianos católicos, como monjes y oblatos, somos conscientes de que nos hace falta "fuentes de agua viva" a los que el amable Pastor quiere guiarnos. Por cierto, para entrar en la felicidad del Excelente Pastor, nos hacen falta, pastores y pastorcillas, sacerdotes, monjes y creyentes que escuchan su voz, creen en él y siguen a Jesús en intención, palabra y acción. Hoy, este domingo del Buen Pastor, oremos por las vocaciones: “Oh Jesús danos sacerdotes, consagrados monacales y laicales según tu corazón. Y nosotros que habíamos recibido la vocación de servir a Dios en la Iglesia, como monje, religioso, oblato y fiel, nos preguntamos, ¿todavía tenemos sed del agua de vida que se nos ofrece nuestro bautismo? ¿Cómo volverme a la fuente, en el séquito del amable Pastor? ¿Cómo dejar que me levante y me lleve sobre sus hombros?

 

R.P. Konrad Schaefer O.S.B.

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