Monasterio Benedictinos Cuernavaca

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor - 2019

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Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor - 2019

22 de Abril del 2019
por Benedictinos

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: 
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

Palabra del Señor

 

Homilía:

 

Lucas 24,1-12’19

Los evangelios de la Pascua a veces nos confunden. Nuestro primer interés es la historia – ¿qué sucedió realmente aquella madrugada en torno al sepulcro fuera de las murallas de Jerusalén? –. Intentamos armar el rompecabezas de la crónica – minuto tras minuto, hora tras hora, persona por persona, afuera o adentro del sepulcro, como el registro de una cámara de vigilancia – mientras lo único que tenemos son testimonios dispersas que circulaban en varias comunidades, entre los cuales es imposible armonizarlos. Cada historia tiene la firma de los testigos; pero estos no se pusieron de acuerdo en cuanto a lo que vieron y experimentaron. El evangelio de la resurrección es un compendio de experiencias personales, nacidas en varias comunidades, unos 50 o 70 años después de los hechos. Respecto a lo que sucedió el día de la resurrección, nos sorprende que los evangelistas no hacen ningún esfuerzo para borrar las inconsistencias y contradicciones entre sí. Lo que resulta es la experiencia humana, en toda su fragilidad.

Me hace pensar en el fallecimiento de un ser querido. Entre nosotros cuatro que lo encontramos muerto, cada uno tenía grabada su propia interpretation de la actitud del cuerpo – que sus brazos extendidos dieron la bienvenida al ángel después de una dolorosa enfermedad; que sus ojos abiertos y su boca contorsionada expresaron su angustia a la hora de la muerte; que su cuerpo tendido y la mano abierta saludaba a sus padres llegados del cielo para acogerlo; que los ojos y la mueca en su rostro nos pidieron perdón, y nos hablaban de la reconciliación.

Respecto a la resurrección de Jesús narrada por san Lucas, nos sorprende la sobriedad de detalle. No intenta convencernos, ni menos asombrarnos con el espectáculo. Se enfoca en la falta de evidencia. Las primeras visitas al sepulcro, “No hallaron el cuerpo del Señor Jesús", y luego, la afirmación, "Él no está aquí". Luego, Pedro fue a investigar y solo vio los lienzos, como la envoltura, sin nada. Lucas presenta la Resurrección como una ausencia, una falta; los parcos detalles comprueban una ruptura en el orden normal. El cuerpo de Jesús no se encuentra donde debería estar.Pero el evangelista nos invita a ir más allá de las evidencias y reunirnos con los primeros discípulos en su búsqueda interior. La misión de los "dos varones” – aquí no son ángeles, como en san Juan; no es el “joven”, como en Marcos; no es el ángel olímpico de Mateo – … “dos varones con vestidos resplandecientes" agudizan la memoria: "Recuerden qué les dijo que cuando todavía estaba en Galilea”. La resurrección de Jesús solo se entiende a la luz de su enseñanza previa en Galilea, ahí donde Jesús vivió el misterio de la Resurrección en su vida normal: el poder sobre el demonio; el acercamiento a los marginados; la luz a los ojos y a los corazones vendados; el perdón de los pecados; el triunfo de la misericordia; la irrupción del Reino de Dios en la vida diaria; la incursión de la vida en lugares de muerte.La resurrección, por lo tanto, es un llamado a repasar la vida de Jesús. Lejos de distanciarnos del Jesús de la historia, de la Palabra hecha carne, el evangelio de la resurrección nos impulsa a descubrir su presencia en los pormenores de nuestra vida en Galilea – la vida ordinaria – siempre en compañía con Jesús.El camino de los discípulos también es nuestro. Los incrementos en la fe, las experiencias a veces sublimes del encuentro con Jesús no nos separan de la realidad cotidiana, no nos quitan de la urdimbre y la trama de la vida comunitaria. Por el contrario, las experiencias nos conducen, como a los discípulos, al misterio de la presencia viva de Dios en la propia vida.En esto, todas las historias de la Pascua, a pesar de sus variaciones, están de acuerdo. Son fuente de vitalidad y libertad. Transforman temerosos discípulos, algunos cobardes, ensimismados, enganchados en sus proyectos – como todos nosotros más o menos –, en discípulos que no se enfrían en el seguimiento, que no se flaquean en su caridad. La prueba más hermosa de la Resurrección son los discípulos que somos nosotros, la Iglesia. En realidad, la Iglesia no es más que esta comunidad de hombres y mujeres de carne y hueso reunida en presencia del Resucitado. También es cierto para cada iglesia pequeña, como nuestra comunidad monástica benedictina. Lo que nos llama, lo que nos consolida, lo que nos une, no son nuestros gustos ni siquiera los afectos humanos, sino la sencillez de compartir la resurrección del Señor Jesús en el Galilea de la vida cotidiana.Amados y amables Hijos e Hijas, ¡Cristo ha resucitado! La respuesta es un entusiasta: ¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Felices pascuas de la Resurrección a todos y a cada uno de ustedes! ¡Que la misma vida resucitada sea su mejor bendición! 

R.P. Konrad Schaefer O.S.B

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